Antoine.

Me he dado cuenta que no salgo mucho con mis amigos últimamente, aquellos que se podrían denominar primarios o grupo principal se han ido desvaneciendo con el tiempo o probablemente yo he cambiado, no sé, no lo he analizado. En general son de esos amigos que nos le da mucho gusto que la vida te sonría, siempre melancólicos y no es que yo no lo sea pero trato de que me dure sólo un rato, no todo el tiempo. Uno recién me dijo que mi personalidad es de controlador y probablemente lo sea, quién no lo es ¡por dios!

Soy lo que esta pendeja sociedad denomina “independiente”, pago mis cuentas, vivo en mi propio espacio y tengo todo lo básico para vivir cómodamente, esto a algunos les molesta y conforme pasan los años me va dejando sin compañía, este tipo de independencia aleja a mucha gente, supongo que es mejor no tenerlos cerca aunque a veces los extrañe.

Aun me sigo acordando de un par de personas las cuales imaginaba a mi lado caminado en tardes amarillas por calles empedradas, casas coloridas y bebiendo té dulce bien frío. Conforme voy teniendo más años pienso me es más complicado establecer relaciones fijas, simplemente no veo candidatos, todos son muy básicos; a veces pienso que yo también lo soy.

El día está nublado y camino justamente por calles empedradas de casas coloridas en busca de un buen trago, me topo con una de esas cantinas hipster que están de moda en todo centro de ciudad turística, tocan canciones de estilo grupero que por alguna razón forman parte de mi memoria colectiva, las canto y comparto con mis nuevos amigos que beben alegremente en la mesa cerca de la barra donde estoy yo. He perdido la cuenta de los ginebras y mezcales que he bebido pero todo parece normal, sigo viendo la realidad tal como es. Noto que me sonríe un joven muy procurado en su estilo hipster pero no me gusta, le sonrío por cortesía y sí, para darle de comer a mi estúpido e inservible ego. En algún momento se acerca, me platica cosas y quedamos en vernos más tarde en otro bar, por ahora yo planeo continuar mi visita por más cantinas. Me encuentro con un par de amigos que se unen al recorrido,  entramos a un par de cantinas donde no escatimamos en caballitos de tequila, uno, dos, tres, cuatro, diez muchos. Nos colamos en sitios aparentemente de entrada restringida pero como ellas son muy bellas, tenemos acceso a donde sea. Llegamos “al bar” y no me siento con ganas de complacencias o besos fugases, justo pensaba eso cuando llega Antoine que disuelve esos pensamientos inmediatamente. Su español es muy correcto y apenas me di cuenta que era francés por su nombre. Él es la materialización de todo eso que me gusta en alguien, platicamos y me envuelve más y más; hermosos ojos azules que me remontan al invierno más cálido, me dice que su corazón está ocupado en otro menester y se encuentra confundido, sonrío y empiezo a decirle en su lengua materna que me gusta, lo tomo de la mano y caminamos hacia la calle llena de gente que viene y va, caminamos entre ellos y las calles empedradas bajo la luna que ilumina mi rasgos de tierras lejanas y las de él, piel y cabello del color del trigo, veo en él esa tarde reconfortante que siempre he buscado y sé es efímera. Nuestras bocas se juntan, deseo que esto durase para siempre y así es, siento como el universo se contrae y se expande en ese momento que durará para siempre en cada uno, se hace más intenso a cada momento pues en el fondo sabemos que no nos volveremos a ver porque yo siempre huyo de un corazón confundido, con el mío tengo suficiente por ahora.

Coldbudy 27082016 23:55pm

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