Un día cualquiera.

 

Vivo en un mundo lleno de incoherencias, de contradicciones que por más que trato de hallar sentido no lo tienen para mi. Salgo de casa con una actitud cargada de positivismo que hasta pareciera ridículo para algunos, más me uno me dice: siempre estás sonriendo, siempre estás feliz, eres enojón pero en general siempre sonríes. Nadie sabe por la mierda que estoy atravesando y tampoco es que quiera que lo sepan, qué les importa, pienso. Sigo en esta racha que al parecer será interminable o infinita como el cielo y sus estrellas, estoy fastidiado de que el público en general no me entienda, siempre soy yo el que lo debe hacer, incluso si tengo un ataque de locura, impensable obtener alguna palabra positiva hasta de mis amigos que supuestamente son letrados y educados. Recién fue mi cumpleaños y muy pocos lo recordaron, siento que me desvanezco en el presente, pienso que soy tan sobresaliente que prefieren ignorarme pues les recuerdo eso que quieren ser pero no pueden. Decido alejarme de ellos y obtengo reclamos por desaparecer, salgo con nuevos contactos y termino sin encontrarme. Soy de esas personas raras que se super emputan cada que encuentran un rayón hecho a propósito en el coche que tanto le costó adquirir, soy de esa gente rara que se entristece cuando no le responden un mensaje que dedicó minutos en escribir, de esos que viven tranquilos si no se les reconoce lo chingón que son. Soy de esos que no necesitan que una red social le recuerde los cumpleaños, los momentos importantes que tuvo hace uno o varios años, soy de esa gente que prefiere estar sola que compartir su tiempo con alguien que no valora, de los que prefiere no tener una relación sentimental porque simplemente no hay nadie que se eche el paquete de ser honesto, soy de aquella gente rara que ya no quiere compartir su intimidad con cualquiera y prefiere coger por decisión y no por instinto animal, vaya de esos locos que intentan fuertemente ser feliz.

Recién he cumplido treinta años y me siento más cerca de la muerte que nunca. Tengo amigos de edad más avanzada e incluso consejeros de la tercera edad los cuales me dicen que estoy demasiado joven, que no debería de preocuparme por eso. En contraparte, están los pendejos, sólo algunos, de menor edad que piensan que soy grande por el hecho de haber perdido finalmente el pelo o porque me ven realizado como ser humano. Lúdicamente, yo ni me veo como tal, me veo como ahora, en el presente y ya, con planes a futuro eso sí, con muchos traumas existenciales del pasado, sí, muchos, pero lo normal de una juventud media loca. Nada extravagante que deba tratar con un psicoanalista, no me considero tan loco ni tan especial, todo lo contrario, muy ordinario, regular, random.

Desde hace muchos años sé lo que me gusta pero no sabía como nombrarlo, ahora sé que la música que más disfruto se llama indie rock y reconozco su sonido a kilómetros de distancia. Sé que las mujeres me gustan por instinto y si me esforzara, hasta por convicción, pero no me llena. Lamentablemente no es lo mío, es otra más. Una gran desviación para algunos, algo cotidiano para gente tonta como yo, pues lo comparo con un gusto más en la vida, así como preferir el chocolate que la vainilla, el tequila al vodka o una paleta de limón a una de cereza. Hace un par de días una amiga entrada en el calor del vino tinto me confesó que había hablado con su hermana acerca de mí, le contaba que yo, en mi estatus de políglota y guapo, cómo era posible que tuviera tanta mala suerte en el amor. Debo confesar que me enervé hasta las entrañas más recónditas de mi ser, como si yo hubiese tenido miles de relaciones anteriormente y en todas y cada una hubiera fracasado cuando ni siquiera sé que es tener novio o novia. Cuando digo que tengo treinta años en plena soltería, realmente es así. Sí me encantaría casarme, tener un hijo o dos, tener una casa enorme y vivir ahí con la familia que construí, tener una camioneta familiar y por qué no, hasta un perro y un pinche gato, pero también puedo no tenerlo y seguir siendo yo, un pendejo intentando ser feliz.

Hace un par de semanas hice un viaje express, de la nada tomé mi mochila y me fui a conocer nuevos lugares. Terminé en San Francisco, entre otras, estuve en la zona de Castro, esa donde mucha gente tuvo que morir para que yo y muchos más pudiéramos caminar libres de todo paradigma. Esa noche entré a un par de bares y conocí a esas personas raras como yo, hablamos de pintores, escritores, música y nimiedades de la vida en más de una lengua, lo cual me hizo reforzar que no soy tan random como en ocasiones me siento, más por presión social que por mi mismo. Vaya, si que es difícil caminar entre mierda y no impregnarte de ella. Particularmente sentí una conexión con este joven que no recuerdo su nombre, trato de no memorizar cosas para no retenerlas y dejarlas ir rápidamente, era de Nueva Zelanda, es una lástima que vivamos en continentes y ciudades tan lejanas unas de las otras y hayamos sentido que nuestras esencias hayan conectado como si se conocieran desde vidas pasadas. Aquí lo máximo que he llegado a sentir es simple y efímera empatía por alguno. Qué curiosa es la vida, justo te topas con aquello que te gusta tanto y eso que tanto te gusta a su vez es recíproco, ¿qué lección hay que aprender de ello, que no puedo tener lo que quiero en el tiempo y momento que yo lo requiero?. Sonrío a mi mismo un poco porque recuerdo que ese tipo de conexiones con el universo sólo las sentí bajo el efecto de algunas sustancias hace muchísimos años. Al día siguiente, aun con resaca positiva de una buena experiencia, rento una bicicleta y pedaleo por toda la bahía o costa, no sé que sea. Me echo en el pasto de un parque que ansiaba ver con mis propios ojos y no a través de la televisión, cierro los ojos y siento el sol diferente en mi piel, seguramente porque estoy en otro altiplano de la tierra, esporádicamente los abro y sonrío a la gente que muy amable me saluda y me pregunta de dónde soy, pienso en lo que pasó ayer y me reconforta el pensamiento de saber que no sólo soy afortunado, sino privilegiado por estar lejos de lo que me causa tristeza y tan cerca de lo que me provoca felicidad.

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