III. Dicen por ahí.

viva la vida.

Unos dicen que lo más difícil es empezar y otros dicen que mantener; esta semana una instructora cincuentona con aires de universitaria, un poco perra y algo puta me dijo que no es correcto hablar en terceras personas, que uno debe hablar de sus propias experiencias y no las de otros, pero entonces todos los escritores que me gustan y todos los libros que cuentan historias de otros que me apasionan contados en tercera persona ¿están incorrectos?, no lo creo. Me inspiró a contar una historia que hasta el momento creía personal, mucho, de esas que sólo le cuentas a los dizques verdaderos amigos o cuando quieres causar un poco de falsa simpatía. Es sobre el cuadro de Frida, el ¡Viva la vida! y vaya que me gusta, tanto que hasta me lo pinte para siempre en mi piel. Mis colegas me hicieron mofa respecto a mi manera de redactarla e hilar los puntos, cómo era posible, decían ellos, que las frutas en los centros comerciales te llamen la atención y te transmitan emociones, así como ese cuadro. Yo les contaba que me apasionaba ver la diversidad de colores y texturas, por supuesto lo erótico que hay dentro de ellas, un plátano un pene, dos toronjas dos pechos femeninos, una papaya una vagina. Qué te fumas antes de ir de compras me decían en tono burlón, es evidente que nada, ya que dadas las políticas laborales donde funjo como un acartonado y frío ser humano que reporta números no me lo permite. Me di cuenta que soy justo aquello que no quería ser hace cinco años, entendí un poco más aquella depresión o como los expertos le llamen a esa pérdida total del sentido de la vida, al hacer las cosas por hacer, a ese suicidio cotidiano que Balzac llamó resignación, si bien he notado que sí, después de atravesar ese tipo de porquerías humanas y mentales la mirada cambia, mis directores de cine favorito siempre me lo corroboran cuando dirigen películas donde el actor pasa de un mood positivo a uno introvertido/negativo, la mirada siempre les cambia, hacen que sus actores utilicen lentes de contacto que les opaquen la vista. Experimentar cosas así, la muerte cercana de un ser querido o la suya misma, les decía a mis colegas, hacen que algo cambie, y que la frase “viva la vida” tenga sentido para mí. Al menos no se me quebró la voz como a ellos cuando contaron su historia, vaya, que me sentía en un retiro cristiano como a los que mis padres me hacían asistir, y de pronto vi a la instructora como al pastor de la congregación, mierda.
Conocí hace un par de semanas a un español que dijo una frase que me hizo ruido, “debo ser serio”, con una convicción algo sobrada, en sus ojos vi pasar una vida divertida pero luego regresó y se puso serio, justo como su frase. Entonces es una decisión personal, pero en sí ¿qué es ponerse serio? acaso; comprarse una casa, un carro, tener un trabajo estable. Si es eso, voy pero si corriendo directo a ser un treintón serio y aburrido y soltero. No es que esas cosas sean malas ni que sea un pendejo idealista en contra del sistema que me alimenta, es sólo no dejar ese “yo mismo” diluirse en el día a día, entre el estrés y relaciones sin sentido, pero es a donde nos, perdón, me orillan. Una juventud confundida y melancólica es buena consumidora, no progresa y mantienen de cierta manera la economía estable; no hay que ser economista con grado de doctorado para saber que así son las cosas en este puto mundo y que peor aún, seguimos, perdón, sigo el guión. Es verdad que es un mundo competitivo y hay que dominar más idiomas, ser más adaptables y mucha mierda de esa, pero qué pasa cuando ya estás ahí a los veintiocho años, pareciera que el manual se queda sin páginas a partir de ahí y no hay a donde seguir. En mi experiencia, lo que sigue es ser un lame botas para seguir ascendiendo puesto que, en un mundo competitivo estando con todos los ya competitivos y cubriendo los mínimos estándares mencionados, idiomas, viajes, carro, trabajo estable, qué te hace diferente, pues lamer botas o acostarse con los colegas que toman las decisiones, pasa que no lo he hecho, por eso mi posición es mediana, regular y hasta me atrevo a decir un poco simplona, pero importante, mucho cambe mencionar. Ahora bien, en mi histeria por no ser un acartonado monito sin sentimientos, me puse a leer un par de libros, sólo los pasajes estratégicos claro, mis relatos anteriores y así recordar cosas que solía hacer y me hacían medianamente feliz. Decidí salir de mi zona de confort y me puse en contacto con mis amigos, afortunadamente no me habían olvidado, comencé a buscar aventuras que me hicieran retornar emociones que me hacían sentir seguro. Busqué a aquellos amigos tóxicos con los cuales pasaban las mejores aventuras, pero oh decepción, los tiempos cambian y ellos ya habían decidido ponerse serios; tuve la sensación de sentirme inmaduro pero vamos, que no estaba pensando irme a los clubes nocturnos a embriagarme o drogarme, simplemente salir a celebrar la vida. Resulta que, ellos habían seguido perfectamente el protocolo que les impusieron, su casa, su esposa, sus hijos, su carro; vive para los demás no para ti. La sensación de saberme solo nuevamente fue una putada pero fácil de superar, la solución es cambiar de aires, nuevos círculos sociales. Es una bonita minoría aquellos que deciden viajar, tener relaciones perdurables, a veces funcionan y a veces no pero lo intentan. Debería ponerme a estudiar una maestría pienso a veces, pero entonces tendría que dejar de ahorrar para el viaje que estoy seguro dará un giro a mi vida, prefiero seguir ahorrando. Luego, comencé a salir con mis recién nuevos amigos y me mostraron otras ciudades, otra gente con quien empezar de cero. Más encuentros sexuales, más informalidad emocional, más texturas y nuevas pieles. En una de esas noches fue cuando la vi, después de muchos años, estupendamente guapa, con el mismo vacío en sus ojos, pero con todo firme. Esa noche no me atreví más que a sonreírle modestamente, nunca he sabido como conquistar a alguien, la informalidad me ha enseñado a sólo decir dos tres palabras comunes, un par de besos y a la cama. Algo me decía que podría ser diferente, por eso la busqué nuevamente a través de las redes sociales y para mi buena sorpresa aceptó mi invitación a salir, quedamos en hacer algo ordinario como ir al cine. Recuerdo una de las primeras veces que la vi años atrás, me pareció muy bonita para ser de esta ciudad, en ese momento sin saber que al mismo tiempo dormíamos con las mismas personas, pues es un pueblo pequeño, esas cosas pasan. Nunca nos presentamos, siempre nos veíamos en las fiestas, yo debí tener unos veinte años, un par de veces me pareció verla en mi universidad, me contó después que sí, estuvo ahí un par de meses pero no duró. Siempre he vivido en otra realidad, pero en aquellos años aún más, a pesar de que conocía mucha gente, ninguno de ellos eran mis amigos, iba de un grupo a otro y así sucesivamente, es así como finalmente un día coincidimos, nos besábamos cuando nos topábamos, alguna vez me presentó como su primo, a mi me daba igual. Me la llegué a topar en otras ciudades, vaya que el mundo es pequeño, sabía de su gusto por las drogas, en realidad mucha gente las consume, no sé porque las personas juzgan por las apariencias, muchas de ellas ni siquiera parecen adictas y vaya que los son, pero ese es otro tema. Mi personalidad se comenzó a tornar melancólica, supongo que las familias disfuncionales lo fomentan. Melancolía, un estado raro del ánimo, entre triste y feliz, qué putada. En aquel reencuentro, vimos una comedia romántica, el género que más aborrezco, pero con la compañía correcta se disfruta bien, una cosa llevó a otra y terminamos bajo sus sábanas; debo confesar que en mi mente había imaginado algo cósmico, mágico y no fue así, siempre tuve la idea que hacer ese acto íntimo con alguien que sobrepasa la línea del “me gusta mucho” debía ser orgasmo seguro, no, no, no. No fue así, fue más bien equis, nunca supe qué faltó. Hubo un par de encuentros más donde me hizo pensar que probablemente eso, lo que fuera que estábamos haciendo iba a algún lado, un día inesperadamente se fue, dejándome atrás con un beso húmedo en una noche lluviosa, es verdad, aquella noche llovía, volvía a estar sin amante, algo debía hacer al respecto. Quise refugiarme en el vino tinto, en una cajetilla de cigarros, en libros, películas, en escribir, en hacer ejercicio, en perderme dentro de la monotonía de mi trabajo, en extrañar a mi madre, en planear mi siguiente viaje, en hacer cuentas, en mi próxima aventura, en mi próximo tatuaje pero no, sólo puedo pensar en esa sensación que da el saberse vivo, en el simple hecho de saberme refugiado en una zona de confort que conozco y me produce tranquilidad puesto que bien sé un día, probablemente mañana las cosas cambien y tenga que salir de este momento de aparente tranquilidad y pasar a uno diferente, siempre sólo, acompañado de esa melancolía que entiendo jamás se irá.

Celaya Junio 8, 2014. 2:00am.

Coldbudy.

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