I. Si o sí, la diferencia en el acento.

Sí, lo extraño, pienso que más de lo que hubiese imaginado años atrás, aunque ya sabía que un día había de irse, pues sí, lo extraño y mucho. Cada vez que me veo al espejo y no lo veo en mí es sentir esa sensación indescriptible de nostalgia por los años pasados o por algún rasgo de juventud dejada atrás, de una etapa nueva, mejor dicho una etapa bien rara. En fin, el cabello no me definirá, estuvo un día y ya no estará. Supongo que con esos signos de vejez prematura uno se pone a pensar si es mejor seguir solo o compartirse con otro, si es tiempo de adquirir una casa, un carro, casarse. Los planes que antes eran a futuro ahora parecen estar a la vuelta de aquella esquina incierta y antes de aventarme a las vías del tren mejor me meto en la cama. Pienso, las cosas están mejor como están, pudieran ser peor o pudieran ser mejor, quién sabe esas cosas ¿no? Mejor comenzar a revisar nueva música, nuevos libros con historias que me hagan viajar a lugares donde ahorita no puedo ir, con historias llenas de cosas que mi vida no tiene. Un video al fin, filmado en la ciudad que se ve desde el espacio porque está toda iluminada y que seguramente Dios no ve por estar llena  de pecado y que el diablo ha de disfruta por estar llena de aventuras, dudas e incertidumbre. Ahí probablemente no se encuentra la felicidad plena, pero sí la luz que le hace falta a estos días lluviosos y nublados.

Una rutina llena de cosas interesantes es mi vida; llega la necesidad de compartirla, supongo que para eso están los bares de esta pequeñita ciudad, llena de gente pequeñita con pensamientos de primer mundo, sí, cuentan sus historias de otros países que me hacen sentir como si los hubiera acompañado, me hacen pensar que cuatro idiomas son insuficientes y que ni siquiera los hablo bien. Luego pienso que en años de secundaria era invitado a los quince años de todas las amigas y no había problema de ir solo, ahora, invitaciones a bodas donde todos se acompañan por su sexo opuesto y uno que otro por el mismo pero al fin todos acompañados y surgen entonces las preguntas ¿estás con alguien? ¿ya fuiste a tal lugar, pueblo, ciudad, país? ¿qué trabajo tienes, qué puesto y cuánto ganas? ¿qué fue de tus planes de ir a, de vivir en, de estar con? Como si el estar con alguien les diera el derecho de apuntar y estocar el alma. Prefiero que la presencia en sí responda todas sus preguntas que por mis gestos entienden no responderé. Pasar lista, cenar y bailar una canción son parte del ritual, una vez hechos, es momento de salir por una cerveza con gente que con la edad se parece más a uno. Ahí, en ese bar de gente común la conozco y me atrevo a invitarla a casa, accede y resultó ser menos complicado de lo que en mi cabeza pareció, pienso que con la edad el filtreo y esas cosas se captan, se procesan más rápido y el segundo paso después de unos tragos es mi cama. No supe si fui yo muy ligero o ella muy intensa, probablemente viceversa o tal vez no pero me recordó a mis aventuras universitarias, llenas de dudas e incertidumbres que se aclaraban con la luz del día. Sucedió igual, pero me pareció lindo que me pidiera acompañarla a tomar un taxi. Las horas pasan y con ellas los días, los cuento ansioso para huir de esta ciudad aunque sea por unos días, los cuales estoy seguro se me pasarán como agua pero que durarán en mi memoria como ruinas etruscas.   

Es hora de treparse en un avión pero hay tiempo para un trago y un encuentro fortuito con quien bien podría ser ese alguien, esa persona con la cual podría pasar estos días de invierno un poco acalorado entre mis sábanas azules, debajo de mis cobertores afelpados. Pero también está llena de muchas dudas y un par de incertidumbres, las cuales mi luz no puede o podrá aclarar jamás. El  momento es por demás emocionante, lleno de señales que gritan amor, que hacen la atmosfera más ligera pero no hay nada que yo pueda hacer para prolongarlas, el tiempo avanza y debo partir o ella debe quedarse, todo depende de la perspectiva. Al salir del hotel algo me queda claro, probablemente no nos volvamos a ver.

 

Luego subo a un avión y un par de horas después me encuentro en un sueño, en la ciudad que desde niño deseaba vivir. Playas frías, días soleados, stakaters, mois, edificios más altos que árboles. Por otra parte, él, sabía que lo vería y que probablemente sería arrastrado a una aventura de miradas enfermas que dicen más de lo que la boca puede escupir, pero es tanto el estrés que no pienso mucho en ello y me dejo llevar como niño, en mi sueño ideal. Comienza el filtreo, va de algo emocionante a algo completamente incómodo, lleno de tropiezos y contacto visual, de pretextos tontos para acercar su piel a la mía, de abrazar sus piernas con las mías, de preguntas llenas de un doble significado que sólo comprenderían las personas expertas en la materia, ¿qué tipo de mujer para ti es la ideal, y… sí fuese un hombre, un tipo específico mi ideal, sería bueno decírselo? responder su pregunta en esta noche fría describiendo sus rasgos físicos, decirle que la persona ideal para mi es él, ¿sería buena idea? Seguramente lo pensé en voz alta y reaccioné cuando su cara normalmente pálida cambió a roja o rosa, no vi bien. No le doy importancia pues total, él me preguntó y yo sólo respondí. Vienen a mi mente muchas otras personas, la venezolana, el historiador de arte, la gringa excéntrica, el diseñador industrial, la española, el gringo excéntrico y Disneyland. Debe creer que soy neófito en cuestiones de esta índole, es como no darse cuenta que los Camel han bajado de calidad, que no saben igual y que de plano pierden el sabor al llegar al camello impreso cerca del pitillo. Pero vaya, que somos probablemente amigos o mejor dicho conocidos, será mejor no entrar en materia, aplacar la hormona y apretarse las bolas para no cagarla como sólo yo lo sé hacer, pues la historia siempre es la misma, siempre el mismo guión, yo, el culpable del crimen y el otro, la pobre victima que declara firmemente que sólo estaba siendo amigable conmigo y qué el culpable, yo, entendí otras cosas, vaya, que soy un pendejo con poca autoestima y mucha imaginación. Como si la energía que fluyese entre los dos hubiera sido mera brisa de calor invernal.

A los veintidós años esas emociones se pasaban rápido, seguramente porque había un montón de opciones asequibles, pero a los veintisiete, la sociedad que se creó después de haber sido conquistada por hombres de otro continente, me hace pensar que si no hago algo al respecto moriré solo. A veces las sensación de vejez y soledad son muy constantes, pero se aplacan cuando vivo estas cosas, cuando mis idealismos se materializan pero lamentablemente no se pueden consumar, puesto que la mayoría están llenos de dudas e incertidumbre, y si algo aprendí de muy mala manera en estos pocos años de existencia, es a precisamente no estarlo. La rutina hace lo suyo y hace que olvide aquellos incidentes, todo fluye naturalmente como el agua desde las montañas hacia el mar, dejando cierta cantidad en presas, alimentando veredas, siempre constante. Sólo hubiera preferido que aquel no hubiera conocido la canción de the smiths que salió en la radio y aún peor, que la haya cantado, que no hubiera enviado un mensaje confuso preguntando si estaba bien a las horas de habernos dicho adiós probablemente para siempre puesto que por un instante, sólo un instante, me llenó de duda e incertidumbre.         

Coldbudy.

25 enero de 2014 11:06pm

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