XX. Pionero.

Tuve un sueño y era mejor que todo esto, si alguien me hubiese preguntado hace un par de meses ¿conoces a gente feliz? Probablemente hubiese dicho que no pero si ahora me lo preguntas, sí y definitivamente sí. Están aquellos que viven felices con sus sueños y fantasías propias, algo así como todos esos matrimonios socialmente bien vistos pero son un desastre y la gente lo sabe, pero en vez de hacerlos ver como hipócritas, se les aplaude  como aquel amigo que dice que te quiere mucho y en el fondo tiene un poco de envidia, mejor dicho, admiración desenfocada, tú lo sabes y aún así tu le respondes con un te quiero mucho también. Y como ya notaron uso mucho “y” porque no se me ocurre otra mejor manera de hilvanar con mejor elocuencia lo imbéciles que resultan para mi tales situaciones pero, un día quise hacer un pequeño cambio en eso, intenté hablar con verdad a mucha gente que me decía esas cosas y el resultado fue desastroso, resulta que la verdad no sólo te libera de mucha gente, te deja solo en un mundo que no se ha alejado de sus raíces primitivas, un mundo que aplaude la incongruencia y recompensa la injusticia pero el punto no es saber esto, yo quiero saber cómo hacer para no terminar muerto como toda esa gente que se dice estar viva cuando en realidad está muerta, cómo ser hipócrita sin contagiarse de ello.

Alguna vez hice una dinámica donde había que seguir las indicaciones de un compañero, te vendaban los ojos y el camino estaba lleno de obstáculos, hilos entretejidos simulando una red mortal y mucha gente gritando dando indicaciones equivocadas para hacerme tropezar, así es la vida, me dijeron los diseñadores de la dinámica. Pero tuve un sueño, y era mejor que eso, el cielo era tan azul como los ojos de unos lobos esteparios y tan cristalinos como el hielo más puro de la antártica, vi colores que ni con la droga más pura y finamente cultivada se podrían jamás ver, paisajes tan verdes como los del amor de mi vida; atardeceres más nostálgicos que un cuadro de Klimt, noches más nítidas que las de Buenos Aires. Campos con vedas llenos de sorgo violeta y trigo dorado, cantinfloras en forma de foco que contienen el agua más fresca jamás degustada, sonidos de cigarras y grillos en perfecta e incomparable armonía que se hacen uno con los latidos del corazón, que se conectan con lo vivo, con el centro de todo, lo eterno y lo efímero, lo visible y lo intangible todo, existe y soy parte de él, del todo y de la nada, la vida y la muerte, la perfecta soledad y la compañía irremplazable del viento rozando cada poro, cabello y entraña donde le es posible atravesar, eso es Dios y lo veo, aunque no tenga la forma que un fundamentalista conciba; simplemente no existe explicación, no tiene cabida dentro de un esquema, es tú, es yo, es perfección.

Quejarse de algunas cosas de la vida no sirve de nada, pero sí alivia el alma, se descansa; hay muchas personas que creen tener la autoridad sobre otro, sobre ti o sobre mí para inferir en el estado de ánimo, son personas autodestructivas, son una bomba de cáncer dispuestas a invadir cada recoveco del alma, son pretensiosos, pretenden inferir pero ya maduré y seguramente ya maduraste para saber que la solución a esto es una bonita sonrisa y un olvido despiadado, algo así como lo dijo Borges, el olvido es la venganza y es el perdón, esto para mí es la ambigüedad perfecta.

Con el tiempo pasan cosas; malas, buenas, regulares, nefastas, asquerosas, incontables, de puta madre, irrepetibles, inenarrables, inconmensurables, felices, perfectas, las pocas pero pasan, tal vez con el afán de no abrumarnos con tanto jubilo, será que la felicidad como el orgasmo, fue creada para ser efímera, momentánea, placentera; si durase un segundo más nuestro cuerpo sufriría un colapso e inevitablemente moriría. Sentido común, ordinario y vulgar es la vida. He visto sueños convertirse realidad ¿será que pertenezco a una fe errada, será que hablo con el Dios equivocado, será qué que la incongruencia sea la verdad, que aquel si tiene principio y un día tuvo fin, quién podría saberlo? sólo sé que la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve es fe. Y por qué se repite esta palabra en mi mente, porque es la llave que abre la puerta que siempre he tocado y nunca se ha abierto, es la llave que desempotra el seguro de la ventana que intento abrir cada vez que la puerta a pesar de ser madera, pareciera forjada por los mejores alfareros etruscos con la mejor técnica de hierro y bronce, impenetrable, pero que es muy fácil de abrir con esta pequeña llave hecha de pedacerías: recuerdos y olvidos, es muy fácil de forjar, basta agregar una sonrisa para fundirla y dejarla resistente para usarla, es la llave, es la fe, una mujer con nombre sinónimo de ángeles me lo enseñó. Vi cómo abrió la puerta, vi como fue y es libre, la contemplé alejarse, disiparse como lo hace una nube de humo entre el cielo, como esos sueños míos hace un tiempo, que ahora toman forma etérea y son eso, asequibles, tengo ahora algo que antes no tenía, la llave.

Me vi caminando entre calles anchas, en algunas ocasiones manejando y otras tantas sobre ruedas, hablando lenguas del vulgo local, algunas veces en mañanas melancólicas camino a la rutina, otras en tardes sepias solo, luego acompañado, gente de todos las texturas y situaciones cotidianas. Noches iluminadas por una luna a veces completamente amarilla y otras veces llena de plata, días aleatorios, siempre diferentes, nunca los mismos a pesar de ser el camino cotidiano, me vi siendo el pionero de mí mismo, con mucho ruido armónico al fondo. Sencilla alegría ver pasar los niños a la escuela, los amores imaginarios dando los buenos días, tardes y noches, caminar sobre pavimento hidráulico o calles empedradas, no comer carne por meses y retomarla por el simple gusto de degustarla, el enigmático sabor del merlot en el paladar. Son tan humanos estos sueños, tan propios y tan ajenos. Hoy basta con esta cama y estás sábanas, aquella ventana abierta con una cortina que se balancea al ritmo del viento, la calidez del sol reverberando en mis ojos y que limpia la piel, las golondrinas que se oyen a lo lejos, las risas de la gente al pasar y los carros que circulan por la avenida principal, la convicción y certeza que cualquier día podrá ser “la oportunidad” así como te pasó o te pasará; hay tiempo para todo y hoy, es tiempo de disfrutar esto, lo tangible, lo imposible hecho posible, poder…

Colbudy 

©Todos los derechos reservados

Advertisements

About this entry