XIX. Yendo a ningún lado.

Llega un punto en el que todo parece estable, donde todo es tranquilo, una rutina que se vuelve hábito y unas mañas que se vuelven ley universal en mi auto restringido universo. Siempre lo he sabido por mucho que haga o intente apagar la idea dentro de mí, es como esa canción que dice en tonadas simples que “hay llamas que ni con el mar”. Qué si será difícil me preguntaba un par, pares de meses atrás; ahora que lo sé, no sólo es difícil, es totalmente complicado, lleno de mañas, intereses, mierda, mucha mierda, un poco de más mierda y sí, un poco, sólo lo necesario, toquesitos, momentitos de felicidad trivial, un simple atardecer, un buen trago, unos besos repetibles, un te amo efímero y una cogida espontanea, sí, sí, sí, efímero como el aire, como el mar que roza mis pies y la arena atorada en mis tenis; efímero como la cúpula de bronce etrusco de esa iglesia que me hace pensar infinidad de cosas, todas efímeras como el sol quemando mi piel, haciendo que mude de pálida a oscura, que mis ojos agarren ese brillo que pierden día a día con la neblina o polvo de mi ciudad;  efímero como ese tatuaje bien delineado en la piel blanca de Lidia, efímero como un Diciembre nostálgico lleno de cambios, lleno de movimientos bruscos que reacomodan las ideas, le dan un diferente sentido a la vida, pienso que todo se ve mejor a través de estos Ray Ban edición limitada. Sí, es eso, aparente tranquilidad, quietud, inocuidad que hace bien al ánimo, que hace agradecer a Dios, a la vida, a lo que tu creas conveniente agradecer, al complicado, al detallado pero al mismo tiempo simple  simpático y parasimpático movimiento que nos hace respirar, el estar vivos, el poder encender un tabaco a pleno sol, oír una dulce melodía mientas este mar salino, esta arena café como mis ojos me hace pensar que estoy en el ojo del huracán, donde todo pareciera estar bien, lleno de quietud, donde en cuestión de horas vendrá el resto del huracán que moverá todo otra vez, todo. ¿Qué pensará aquella gringa mientras avienta las cenizas de su ser querido al mar, mientras derrama unas lágrimas secas, álgidas llenas de preguntas, de dolor, angustia y puedo intuir un sarcasmo algo interesante de descubrir, mientras su hijo la abraza, mientras su marido le da una pendeja palmadita de apoyo en su espalda, mientras yo pienso que cenizas éramos y cenizas seremos, mientras arrojo la ceniza de mi cigarrillo al mar, qué pensará?

Sí, el mundo es grande, pero también es pequeño, son de esas incongruencias que sólo entiende quien las haya vivido. Porque la ciudad es pequeñita pero el mundo es grandísimo para que dos ex amantes se encuentren después de un par o pares de meses, tal vez años, dos exactamente. Ahí está como si nada, como una paloma comiendo pedacitos de cosas tiradas en el suelo por la gente, ligera, estética, sutil, desconocida, como ella, como la que no puedo pronunciar por impotencia o miedo a traerla de vuelta, si ya de por si el trabajo de enterrarla en mis adentros pareciera una competencia olímpica que merece reconocimiento especial. Me ve y me quedo frío, como un pendejo que le acaban de hacer una buena mamada, comienzo a hablar en un idioma que sé no entiende y le cuento la historia a mi paciente compañía que me ve algo confusa pues de hablar  como poetas de pronto me quiebro por el oscuro arte del desamor. Es momento de volver al cuarto fresco y fumar, fumar, meterse a la piscina solitaria y sentir lo frío del agua, platicar con extraños y decirles cosas bonitas, como esa que acabo de escupir, “su nena es muy bonita, muy bonita”, la pequeña niña desnuda me sonríe con sus ojos azules, pienso que será bellísima cuando sea toda una mujer, que hablará otro idioma y jamás se acordará de mi. Hacer un par de llamadas, decir mentiras como “sería perfecto si estuvieras aquí” cuando el momento ya es perfecto.  Será mejor ir a caminar, es una buena opción para ahuyentar los pensamientos cobardes que brotan cuando uno anda vulnerable.

Ritmo, buen ritmo se necesita para pasarla bien, la compañía es importante pero el ritmo lo es más. Estar solo no es un problema, las personas de alma solitaria que se juntan con otras peor que ellas son las que insisten en hacerme sentir incomodo por no ir con nadie a ese lugar, a mi me gusta e ir solo no es ningún problema. El problema vino cuando la volví a ver, con sus amigos y amigas pasando un buen momento pero, qué no vine yo a eso también, me pregunto y me afirmo como verdad absoluta. No la vuelvo a mirar más que cuatro veces más en toda la noche. Mirada que le dedico número uno: cuando voy por ese primer whisky en las rocas, me sigue con la mirada y yo al sentir que me ve, la miro completa notando esa chispa que aún tiene y que tanto me hizo desearla. Mirada numero dos: cuando prendo un cigarro y volteo a ver al Dj y por error me topo con sus ojos, ya van aproximadamente unos cinco whiskies  que me han hecho entrar a un estado más introspectivo.  Luego voy al baño y más allá de los beats que desprende la consola, escucho unas inhalaciones profundas y muy forzadas, al parecer la cocaína es la droga de hoy. Ahí le dedico la mirada número tres: voy de regreso a mi cancha de confort y toco su espalda, toco  su todo con mi cuerpo y regreso a aquel momento donde me dijo “quiero pasar contigo todo un día abrazados haciendo nada”,  al momento donde yo le digo “abrázame ahora que estamos uno encima del otro y no podemos decir no”*. Me incorporo y al cerrar los ojos, visiones de muchas épocas vienen y van como ese sonido que no deja de zumbar y más que eso, resuena en mis adentros como una verdad absoluta, como una quietud inocua que me recuerda que en cualquier momento todo se volverá cenizas. Finalmente la mirada número cuatro: decido retirarme a dormir, pero por alguna razón que siempre desconoceré quedamos hombro a hombro, toco su brazo y siento la calavera tatuada en su brazo superior izquierdo, tocarla y no sentir eso que sentía, probablemente amor, hace alejarme con muchas dudas;  ¿debí hablare, debí decirle “hola”? pero, si yo ya le dije todo lo que se puede decir a alguien que amas, lo ínfimo que mis adentros esperaban era su saludo pues ella, jamás respondió a mis palabras de sinceridad, de amor. La veo y puedo intuir  el significado de su movimiento  cuando bajó la mirada; ella y yo, yo y ella, en mi limitado universo ya no tenemos futuro.

Caminado y lleno de dudas voy por las calles, muy beodo tratando de no caer entre las piedras que forman el camino y busco las señales, los lugares que grabé en mi memoria para no perderme, para regresar al cuarto, a mi seguridad. La veo y me ve, está platicando con dos hombres que no hablan la lengua que ella domina y le pregunto si necesita ayuda, ella me pregunta lo mismo: “puedes ayudarme”, con la lengua algo torpe por la droga, por el alcohol, por su combinación.  Dejamos atrás a esos dos hombres y viene conmigo, encendemos un cigarro, platicamos, encendemos un par de cigarros más y me dice que está perdida, que necesita llegar a su casa y que por favor la acompañe y, que no le haga daño. Que tierno es ver la vulnerabilidad de otro, pensando en una noche de sexo frustrado me incorporo sólo Dios sabe cómo y la acompaño de regreso hasta un lugar que no supe cómo llegamos. Quieres tener un poco de sexo, me haz gustado, me dice con unas palabras que en su idioma se interpretan como propias, amables y pidiendo algo afirmando que se dirá sí. Sí, quiero un poco de sexo, le digo. Entramos y ya en calor me aprendo su tatuaje azul, azul como ese cuadro japonés de olas sobre su brazo, su piel se siente diferente, espontanea, fresca, llena de nuevos códigos descifrables para mis manos, para mi cuerpo, para mi piel… Siempre lo supe, lo que tenía que decir, lo que siempre supiste, lo que toma un suspiro pensar y hacer dar un paso atrás; que venías de ningún lado, es un poco de amor el que dejaste y un pedazo de corazón el que te llevaste; amor el camino que estabas atravesando, que mi forma de tocarte era imperfecta y que tal vez algún día te alcanzaría,  que probablemente necesitabas a alguien, es por eso que siempre escuché atentamente lo que decías; eso que siempre supe y siempre supiste, que esto estaba yendo a ningún lado, a ningún lado… Es evidente, Lidia era su nombre y era foránea, sin lugar de origen, de ningún lado como yo. La luz recorre la habitación en cámara lenta y entra en cada recoveco donde sea bienvenida, ilumina una silueta pálida tirada de espaldas sobre la cama, no está ella, sus ojos verdes se han apagado y sus olas azules han desaparecido dejándome tirado en esta playa de aguas quietas. Estoy sólo yo y la luz del sol, me reconozco por ese poema escrito en la espalda: amar es este tímido silencio cerca de ti, sin que lo sepas**. Sí, soy yo.

CoLdBuDY 

©Todos los derechos reservados

*IV. Abrázame

https://coldbudy.wordpress.com/2010/02/23/iv-abrazame/

** Amor, poema de Salvador Novo.

Advertisements

About this entry