XVIII. La ley del deseo.

Gracias a esa amiga que involuntariamente resumió

lo que quería decir en sólo cuatro palabras.

Todos somos como el cristal, transparentes, sólo nos ponemos opacos cuando no queremos intimar con los demás, transparentes como el cristal sí, piensas mientras caminas al ritmo de una canción melancólica, con el sol de frente y una calle ancha que es incapaz de contener todos los pensamientos que abruman tus más recónditos adentros. Por eso sales a tomar un poco de aire y también para sentir esa caricia íntima que te brinda el sol antes de ocultarse. Clap clap clap se oye atrás cada que avanzas, las tapas del zapato van haciendo ese ruidito que deja claro el caminar de tus pies; la manía de fumar ha vuelto temporalmente, últimamente recuerdas los tiempos ya pasados y si bien es verdad que recordar los buenos momentos causa nostalgia crónica, hacerlo no produce esa tristeza que incomoda al espíritu, simplemente nostalgia y un golpe al orgullo al recordar que un día dijiste no extrañarías nada del pasado y que por eso tomarías cada momento de la vida como algo único, aunque éste fuera malo. Resulta que no sólo te producen nostalgia positiva aquellos momentos dónde supuestamente eras un poco más liviano, también los extrañas y quisieras que ahora hubiera mucho mejores momentos con esas personas que recuerdas, porque querer vivir momentos nuevos con nuevas personas ya sería una osadía que pareciera imposible o poco asequible en momentos donde “encontrarse y estar cómodo consigo mismo” se convierten en un tema cotidiano que no tiene para cuando terminar. En el fondo esto es bueno, muy bueno, estar conforme con el entorno, sólo que el detalle viene cuando el cuerpo pide ser alimentado, cuando el espíritu quiere más, cuando esa voz en el interior no deja de insistir en que te muevas, que salgas, o que te quedes, pero que decidas ya, que es tiempo de ser feliz con lo que hay y sería de lo más óptimo no desear nada, no tener expectativas, concentrarse en esos objetivos realizables, enfocarse en la estrategia y paso a paso, lento pero seguro, dirigirse a donde se había olvidado dirigir por todo el ruido que la gente hace con el fin de desequilibrarte y que en mayor porcentaje has permitido, pero al parecer, esa voz en el interior ha dicho que ya fue suficiente. La caminata se detiene y es momento de sentarse para fumar un tabaco, entretenerse viendo la gente pasar, ver ocultarse el sol y cómo la ciudad comienza con el juego de luces nocturnas que tan reconfortantes se han vuelto, así como esos atardeceres y lunas indescriptibles que últimamente han visto ese par de ojos un tanto torpes con los años. También es momento de sentir la combinación dulce de un té helado de hibiscus  con esencia a zarzamora acompañando un tabaco amargo. Debe ser el aire o algún efecto químico que nunca alcanzarás a entender por falta de interés en las ciencias exactas, pues nunca te han favorecido, pero eso no estabas pensando, era aquel otro momento, el de la combustión del tabaco al tocar el oxigeno; era rojo, se iba consumiendo vívidamente, fue como esa incongruencia que siempre aturde tus sentidos, una incoherencia natural entre lo que se es, lo que se quiere ser y no se es. Es un trabalenguas sin sentido que sólo entenderán aquellos que lo han vivido, este tema no es una ley ni una teoría, es la vida, es la práctica, es la verdad que hoy vives, que hoy vivo. Cómo puede algo que a simple vista pareciera vivo estarse consumiendo, se está muriendo, cómo ese tabaco pernicioso puede llenar de vida tu interior, es eso, incoherencia natural.

Este amigo tuyo te prestará su departamento pues estará vacio mientras el sale de la ciudad, coincide perfecto con el concierto al que asistirás en unas semanas más. Llegado el día, desde la tarde te instalas para tener tiempo de cambiarte. Ese departamento, al cual no habías asistido, es la materialización del que siempre has querido tener y que justamente ya no deseas, por aquello de que lo que más has deseado es precisamente lo que no has podido lograr y sabes perfectamente no debido a alguna incapacidad de tu parte, sino que el mismo camino de la vida no se ha podido trazar así y bien aprendido tienes de cómo es el resultado cuando uno forza ciertas situaciones en la vida; nunca acaban bien a tu parecer.

Dicen, que las personas con recuerdos de momentos felices pegados en la pared, generalmente fotos, son personas más felices, yo no me atrevería a aseverar semejante comentario, pero no está tan descabellado, hace un par de días estuve viendo fotos de temporadas pasadas y en mis adentros se sintió ese toque de nostalgia feliz que mucha gente siente precisamente al recordar algún momento guardado con cierto celo en alguna parte de la memoria. Sí, tal vez contenga algo de verdad eso que luego dicen, que no tengo la suficiente experiencia o que la inmadurez es un término que muy bien me definiría, pero al hablar con personas que han recorrido este mundo por más años y lugares que yo, me doy cuenta que tal vez sí lo sea, pero nunca lo suficiente para creer a los dos o tres seres sublunares que insistan en querer hacerme dudar; algunas personas deben saber que se necesita algo más, tal vez ser mejor, mucho mejor y perfecto para poder hacer ese tipo de comentarios, yo generalmente me dirijo a ellos como a algo inferior, algo más bajo que la calaña, con insultos como cabrón, pendejo e hijo de puta. En fin, este amigo en teoría es una persona más feliz por tener fotos colgadas, en una estoy yo y recuerdo perfectamente la borrachera y el pasón de aquella noche. Increíble, sin palabras, indescriptible, dirían aquellos nostálgicos y afanosos del pasado.

-Con los años nuestros cuerpos cambian, sería una estupidez no saber que nuestros pensamientos también lo hacen, que nuestras ideas evolucionan. Es lo que yo llamo la ley del deseo, cuánto duró tu etapa Rodrigo, un año le respondo. La mía cinco, cinco putos años en la mierda total, cuando pensaba haber caído bajo, caía más bajo, y cuando pensaba que ya había tocado fondo, pasaba a otro nivel de hundimiento que ni imaginaba existía, es una pendejada verdaderamente, un caer tras caer, tocar fondo tras fondo tras otro fondo sin siquiera sospechar que podías caer aun más abajo. Pero luego algo pasa, algo en el fondo te dice ya, no mames, y poco a poco comienzas a subir, a escalar y todo se pasa pero justo cuando crees haber superado todo, viene ese último estirón donde te enfrentas nuevamente a eso que te hizo caer y caer, es ahí donde tienes el momento de decidir seguir adelante pero siempre con esa resaca y saborcito amargo en el paladar de vez en cuando, nunca se supera del todo, sólo aprendes a vivir con ello sin conflicto. Me entiendes Rodrigo, justo cuando pensaba tomar un tiempo sola, después de esa relación que me desgastó el espíritu, ahora que no quería viajar y centrarme en esta putañera ciudad, conocí a este hombre, que me ha hecho sentir algo perfecto, me recordó querer todo eso que había olvidado; detrás de esto se encuentra un estilo de vida que yo siempre detesté y pensaba que no era para mí, un estilo de vida donde el vivir junto a otro ser humano y compartir mi vida seriamente era algo que sólo había leído en algún libro para niños. Es la ley del deseo, justo cuando menos deseas algo, la vida te lo da. ¿Recuerdas ese cuento donde había tres puertas?, sólo la podías abrir si deseabas no abrirla, la puerta no tenia chapa, simplemente se abría si no deseabas abrirla. Así es la vida. No cabe duda que cuando dejes las cosas fluir sin afanarte, las cosas que tanto deseas seguramente sucederán. -Yo no deseo ya nada, yo sólo quiero reír, le digo con la indiferencia de alguien que ha vivido más de lo que debía.

La música es perfecta, casi como la oíste por casualidad hace muchos años, cuando alguien te dedicaba por primera vez un te quiero no fraternal, un te quiero carnal con un sentido más primitivo, salvaje y sexual. Sabias que estaría en ese lugar, no deseabas verla pero la ley del deseo hizo lo suyo; se saludaron con la alegría de la primera vez e igualmente se despiden. Ahora estás ocupado en esa nueva compañía que estará contigo bajo las sabanas; caminan sin decir mucho, se tocan diciendo todo, la voz del interior te dice que será una experiencia sexualmente satisfactoria pero pasajera y por eso tanto arrebato en los movimientos. Amanece y la ciudad ruge, el sonido que llega desde aquella avenida, los pasos de la gente en la calle, los clap clap clap que dejan las pisadas ajenas en el piso propio. Se está acomodando el pelo, frota tu espalda como última señal, toma su bolso y se va. El sonido de la puerta cerrarse despertó la voz interior que aun seguía dormida, retumba en tu interior el pensamiento “todo es efímero, todo” al son que miras tu foto y la de tu amigo capturados en un momento de supuesta felicidad, ¿eres feliz? ¿eras feliz? ¿alguna vez lo fuiste? No importa mucho la respuesta, importa el momento, la pregunta que verdaderamente ronda en tu cabeza desde hace mucho tiempo, la pregunta que te ha recordado la voz interna con este encuentro efímero, este que se siente, a pesar que la cama es individual ahora pareciera ser del tamaño del mundo, esa pregunta acompañada de un ¿habrá valido la pena?, ¿cómo saberlo si no lo experimento?

 Qué clase de enigma es este que retumba como eco en mi interior,  este que a veces abruma mis pensamientos, esta pregunta que aparece cada vez que me encuentro vulnerable, ¿valdrá la pena enfrentar toda la mierda de este mundo solo o, sería mejor acompañado?

CoLdBuDY

©Todos los derechos reservados.

Advertisements

About this entry