XVII. El adiós como una constante en la vida.

 

 

 

Es como esas cosas que siempre has sabido pero decides ignorar para vivir feliz, como cuando el maestro de economía me decía que para ser feliz uno debía ignorar muchas cosas o saberlas manejar, pero claro que hay información muy complicada de procesar, ni que decir de asimilar y manejar. Últimamente las cosas son constantes; la vida misma podría decirse es una constante con variables controlables y un sinfín de incontrolables, es como una gráfica que muestra las variaciones de todos los índices económicos conocidos, a veces a la alza y otras a la baja y muchas otras en total depresión. En ocasiones es necesario encontrar comparaciones para describir cosas que con simples o complicadas palabras es posible narrar, las cosas simples son siempre las mejores. Como ahora, para describir el estado de ánimo por el cual atraviesa este nefasto narrador, se podría decir que es como en la resaca de la recesión, después de haber vivido una depresión abrasiva al alma, haber pasado por el proceso de reconstrucción devenido en la recesión, ahora es esto, un cúmulo de sensaciones sin nombre que habitan dentro de éste en total armonía, que son el alimento de ese demonio que lleva dentro, que a veces da señales de querer salir y volver, volver a lo mismo como si en general la misma rutina no fuera suficiente; pero todo es tan complicado y reconfortante como el sabor del vino rojo merlot.

De todas las situaciones que la vida le pone a uno para aprender, la del desprenderse de algo seguramente es la más complicada. Es como después de un largo periodo de escases, viene uno aunque no de perfecta abundancia, si de soltura máxima. Es un periodo en el que al menos puedes levantar la mirada al horizonte y comenzar a planear, aunque probablemente sólo realizarás el ochenta por ciento de lo planeado pero eso no es limitación para planear como hacen las aves en el cielo a través del horizonte, como lo hago sobre tu piel a través de tus ojos verdes.

Muchas cosas han cambiado, yo, tu, él, ella, nosotros, ustedes y ellos. Somos un todo dentro de la nada y una manifestación constante de sensaciones indescriptibles cada que estamos cerca uno del otro, cambiamos nuestros pensamientos con cada nueva experiencia pero el ideal siempre será el mismo, el sonido de eso que se oye siempre será el mismo pero cada vez notarás algo diferente, como cuando te veo y pareciera que no te pongo atención, un día notarás que es porque pienso la razón del por qué no estamos juntos, del por qué debemos estar separados.

Hace un par de semanas estaba en otra ciudad, y hace una semana en otra; acontecieron cosas similares, la luna era la misma. He olvidado consultar el calendario para ver si está marcado que habría luna llena para esos días. Caminaba con un par de sensaciones encontradas al ritmo que fluían algunos grados de alcohol en el sistema, los suficientes para sentirse acalambrado de una manera relajada. El olor a mois circunda y al verme perdido tuve que abrir los ojos para ver, al principio no la reconocí porque ya han pasado… ahora que lo cuento con exactitud, catorce meses que no la veía. Lucía mejor de como la recordaba y estoy seguro yo también, estaba bailando al son de unos beats suaves que me llenaron de tranquilidad para no alterarme al verla. Pensándolo bien, tuve que haber pasado por su lugar momentos antes para poder estar donde estoy. Cómo es posible que no la viera, ahora entiendo porque sentí una mirada sobre mí, la cual no correspondí porque mi sensación interna no lo quiso así. De cualquier forma lo que tuvimos algún día ya está muerto y nos dijimos adiós sin necesidad de expresarlo con palabras. Aquella noche continué caminando dejándola atrás, tal como lo hizo ella. La luz amarilla y la multitud de gente alrededor me recordaron lo diminuto que soy dentro de un todo, lo grande que soy dentro de nada. Cómo es que dos personas después de haber compartido algo perfecto no se puedan reconocer por la calle, es como el adiós, una constante en la vida.

Bajo la misma luna, bajo las mismas estrellas y bajo el mismo techo sublunar, sólo que cada elemento en posiciones diferentes estaba yo, ascendiendo hacia la terraza para poder admirar la vista nocturna de la ciudad, era perfecta y sin manera alguna de describir la sensación de lo que un par de ojos ciegos vio. El ritmo que desprende el ambiente al son de la nicotina recorriendo el cuerpo, momento perfecto para que fluya el líquido bloqueado en días, en semanas. Caen por el rostro sin dar señal de que en algún momento se detendrán, no son de tristeza, son de algo más complicado, de eso que no se puede decir con palabras al ver lo que tanto se ama.

Me he dado cuenta que estamos rodeados de muerte, esto es pues separación, de despedidas, de personas que van y vienen, compartimos lo que debemos enseñar y nos enseñan lo que debemos aprender  para después nada, una irremediable despedida. En algún lugar me dijeron que la muerte es separación, es por eso que llamamos muerte al fin de la vida, porque nos separamos de nosotros mismos hacia otro plano existencial, o a la nada, dependiendo las creencias, pero separación al fin.  Por eso las sensaciones indescriptibles, porque las cosas por dentro no fluyen como deberían, porque estando con vida estoy muerto, separado de todo lo que creía correcto y ahora no creo en nada. Por eso las lágrimas, por la infidelidad a las creencias que conllevan a una separación consigo mismo, a una muerte retórica.

El egoísmo es alimento cotidiano y aquellas emociones nostálgicas llegan muy tarde, ya no es momento de sentirlas ni pensar en ellas. Hay tiempo para todo, y es el momento de retomar el camino correcto, un camino donde la separación no signifique muerte, donde pueda ver tus ojos verdes eternamente.

 

CoLdBuDY

©Todos los derechos reservados.

 

Advertisements

About this entry