XV. El corazón, el hogar; aquí.

Para Db.

 

 

No hay nada mejor que casa…

Té para tres, Cerati.

 

 

 

Hay momentos para todo, dice el libro de la sabiduría; hace tiempo que no lo lees, que la inspiración para escribir no aparece y las muchas ganas de hacer diversas cosas también es fluctuante. La forma de iniciar un texto ya no es la misma, no sabes cómo comenzar lo que debe ser contado, estás en el preciso momento de saber qué querer, mas sentirte en el tiempo no adecuado. Han pasado un par de meses, tal vez años sin pisar la enorme Ciudad, siempre existe el sentimiento de saber que la pasarás bien, que a pesar de aventurarte sólo encontrarás la manera de pasarla bien. Siempre has sabido que eres de esas personas que responde, algunas veces con negativas y otras tantas positivo; días atrás te ha llamado una persona que supuestamente apreciabas mucho, conviviste  y era algo de ti, era aquella de quién te despediste al dejar la Ciudad; te pedía platicar, saber de ti y como si no hubiese pasado el tiempo, le preguntaste tal se tratara de una amiga más ¿dame una buena razón para aceptar tu invitación?, a lo cual ella no supo responder, se quedó callada por un largo tiempo y te respondió como siempre lo hacía, diciendo: “me dejas sin palabras”; respondió, sólo que para esta situación hubieses preferido cualquier otra cosa, un gesto incómodo, una sonrisa torcida, una como aquella que le regalaste al despedirte para siempre un par de años atrás, finalmente sí, ese asunto ya fue borrado del sistema.*

 

 

Siempre has pensado que todos son viajeros, que eres uno con rumbo fijo, sin camino trazado pero con la firmeza de llegar a esa ciudad, a esa situación, a esa persona, a eso que tanto buscas, un momento, un bello momento, el momento perfecto, tu momento. Esta Ciudad te los evoca todos, los mejores y los peores; recuerda tus limitaciones y la incapacidad para lograr ciertas cosas por ahora, te anima, te susurra esas cosas que tanto te gustan oír, te incita a caminar sólo por sus enormes pero reconfortantes avenidas, a sentarte en cualquier parque y ver la gente pasar, te exige ir al café de siempre por la noche y ver los autos pasar, sonreírle a gente desconocida y anhelar poder palpar esa piel blanca, descubrir esos ojos claros y labios que algún día dirán “te amo”.

 

 

Han pasado varias personas en diversas situaciones y cada una te ha enseñado a su perfecta manera, esa sutil forma de amor que buscas, ese momento de felicidad que tanto disfrutas cuando lo reconoces.  Debe ser algo de predisposición piensas, pues el inicio es el mismo, el desarrollo y final también. Debo estar haciendo algo mal, te repites es tus adentros pero, al final tu conclusión es la misma: ellas pierden el interés, tú pierdes el interés, ambos eligen mal. Peor aún, ambos tienen ese momento perfecto y es así, sólo ese momento, después ya no hay más. Estás aburrido de la misma sonrisa al despedirse; de esa mueca torcida, de ese gracias eterno que siempre les darás y dirás por haberte hecho pasar unos de los mejores momentos que alguna vez vivirás en este corto existir, siempre pensarás “…en la noche que te conocí, supe también, que te había perdido…**     

 

 

 

Esto no es soledad, porque no te sientes solo, es simplemente esa sensación constante que últimamente no deja tu ser, esa de sentirse preparado, de sentirse listo para algo; esa sensación que no se sabe de dónde proviene,  esa de estar enamorado pero no de una persona, estar en conexión con algo más grande que cualquier ser, esa de saber que el tiempo casi es el correcto y que en cualquier momento eso que detonará la emoción más pura y perfecta antes sentida, ese momento  que tanto has esperado es asequible y venidero; todo eso piensas cuando miras sus ojos, su nombre pertenece a la historia judía y te recuerda todo lo épico que has leído con su nombre en el libro de la sabiduría, sabes que te ensenará algo pues has visto el color azul eléctrico saliendo de su ser, o mejor dicho, su piel pálida siendo iluminada por un azul eléctrico, ese azul que siempre te indica cuando pasarás un buen momento…. Atravesaste toda la ciudad para conocerla, ahí está ella mientras escuchas la música que tanto llena el vacío que te produce la cotidianidad, es como un espejo, refleja la luz que amas y buscas para aliviar tu dolor, refleja tu imagen y se ve tal como te ves.  Atraviesan la ciudad de regreso, la invitas a quedarse contigo pero en la lúgubre noche al son de unos mariachis y unas platicas interesantes, se pierden, se separan uno del otro; sus labios que hace un momento se juntaron y  te sabían sin malicia, te recordaban el sabor de los primeros labios que besaste y de pronto lo supiste, esto no es más cuestión sexual, no buscaste en su mirada ese destello de lascivia; la miraste como si hubiese descubierto ese secreto bien resguardado en tu memoria, como si supiera que lo visto y sentido  en ella fue amor, ese tipo de sentimiento que estás buscando y sabes ella tiene, sólo que no tu eres la persona a quien se lo dará aunado a que tu tampoco estarás ahí para recibirlo. Fue ese momento, en medio de la inmensidad, de personas, del bullicio, bajo la inmensidad de las estrellas donde dos seres sublunares se encontraron en el momento perfecto.

 

 

Tú; lee, siente y escucha bien estas palabras. Puede que la vida nos junte o no otra vez, probablemente, pero debes saber que el haberme hecho reencontrar mi camino, el tomarme esa noche de innumerables cuestiones existenciales de la mano, besar mis labios y  llevarme a donde debía ir, siempre compensarán la sensación de saciedad que me provocaste y, ahora;  la de ausencia que dejó tu ser en mí desde aquella noche.  Aquí somos perfectos, lo fuimos.

 

 

 

    CoLdBuDY

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Otros relatos mencionados:

*https://coldbudy.wordpress.com/2010/02/02/iii-esa-sonrisa/

**https://coldbudy.wordpress.com/2009/07/14/la-noche-que-te-conoci/

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