XIII. Marzo 27.

I´ve found my place, and you will make it only if you run…

Julian Plenti.

 

 

 

 He de confesarte que tengo años guardando estas palabras, no me atrevía a decírtelas por miedo a no estar listo o tal vez porque no las leerías como yo en realidad las estaba sintiendo, un par de años ya pasaron y muchas situaciones también, se que estás en una relación estable y feliz según dirían los que sienten esas cosas. Últimamente ya no he tenido noticias tuyas, supongo que es normal debido a las horas, las personas y circunstancias que nos separan; yo tuve que dejar esa ciudad y no puedo regresar, probablemente cuando pueda tu ya no estarás disponible ni yo, por eso que desde hace tiempo atrás te di por perdida. Camino y pienso o más bien divago, siento que estoy divido y aun no puedo unirme, aunque he aceptado el hecho y mi incapacidad por salir de esta situación que me hace volver una y otra vez a ese pensamiento imposible, a esa metáfora indescifrable, a esa verdad un tanto falsa. No puedo.

 

Durante todo este tiempo conocí y estoy seguro conociste multitud de gente después de mí, es lógico, camino por estas calles lúgubres en busca de algo que no puedo ver, estas calles empedradas me recuerdan momentos contigo, aunque no los vivimos aquí me bilocan a paisajes vistos por ti y por mí. Me recuerdan diálogos que nunca tuvimos y siempre quise tener al compás del sutil viento que roza mi cara, de esta tarde amarilla, de este humo de camel frente al sol que en poco rato ya no estará. Recuerdo haberte escrito una prosa llamada nube de humo* porque así te sentí, luego vinieron los días y a pesar de mi negación por ti, de mi afán por no caer, por no verte más, me enamoré de ti. Siempre tuve la sensación que éramos los amantes perfectos pero que nos habíamos conocido a destiempo, que por alguna razón siempre buscaría de ahora en adelante elementos de tu personalidad en otras relaciones y sabes por qué, porque tú tienes todo eso que me llena, son cosas simples para nada complicadas, pero el hecho de verte me hacía pensar, ella es. Minerva, nombre un tanto ridículo para esta época pero me ahorra tener que buscarte un nombre falso para esto, es tu nombre y eres mi diosa pagana. Cómo fui a dar contigo en este mundo de gente no es lo relevante, a veces me pregunto si yo habré sido el único pendejo que se desvaneció por ti.

 

Ya bien sabes que en mí hay amargura, que no es causada por nada en sí, simplemente por la continuidad de la vida, por la cotidianidad y por no estar contigo pensé alguna vez, yo te quiero pero no como solía, ya te puedo ver sin sentir la sensación que antes me obligaba esconderme de ti, te acuerdas cuando después de dejarnos te encontré por la calle y simplemente me di la vuelta y caminé y caminé para dejarte atrás, nunca me lo has dicho pero estoy seguro que me viste en este acto de inmadurez pero es que verdaderamente no podría haber manejado el momento incómodo del “post encuentro” ya tu sabes.

 

Caminamos por estas calles que ahora recorro solitario, toco los muros de estas casas mientras escucho alguna canción que me transporta a ti, aspiro el olor de las plantas que aun continúan en el mismo lugar, miro aquel árbol que sigue madurando y aquel puesto de jugos que día a día sigue con su faena. Sabes, noté que todo sigue igual, en su lugar, excepto tú y yo pues hemos avanzado, somos como ese árbol que maduró.

Fuiste importante tal vez porque justo estuviste cuando mi entorno se rompió y poco a poco me ayudaste a pegarlo. Divorcio, conflictos económicos y mi traumática e insuperable salida de la gran ciudad que hizo separarme de todo lo que simplemente amaba, incluida tú. Ya tenía yo fecha de salida y sigo sin tener la de entrada. Cuando veníamos a esta pequeñita ciudad a pasar algunos fines de semana o simplemente a la fiesta sin control, jamás pensaba que sería donde iba a pertenecer por años y probablemente aquí moriré, sabes. Estos callejones significan tanto pues has de saber que no eres ni serás la única con quien los he recorrido, pero si con la primera que lo hice.

 

Faltaba poco para la media noche cuando te oí hablar portugués, platicabas con Guillermo sobre un viaje, no estaba poniendo mucha atención, tal vez los toques de mois comenzaban a hacer efecto y como siempre me pasaba, simplemente me relajaba y no pensaba en nada; uno luego piensa muchas pendejadas. Saludé a varias personas con las que cursé la preparatoria católica, si ni católico soy, locuras de un progenitor desubicado supongo. Recuerdo que mirabas atenta mis pasos, no recuerdo en qué momento ya éramos parte de una relación algo abierta, donde tú estabas con otros, en ocasiones otras y a mí la idea no me incomodaba. Esta vida es de momentos, decías, todo es efímero**. Reforzaste la visión en mi mundo, creía en otro dios, creía en muchas personas y no creía en mí. Por mucho tiempo no te comprendí pero esa noche lo entendí todo, tus palabras, tus miradas y tus besos. Recorrimos casi todos nuestros lugares favoritos en la gran ciudad, pasamos por esas torres de colores, cerca de donde vivía y donde sigues viviendo tú, luego más al sur, donde también hay partes empedradas incongruentes con las enormes avenidas que se encuentran unas con otras, a veces abordábamos la línea verde “Universidad” algo drogados para ver una película rara en la cineteca y después caminábamos a unos tacos debajo de un puente justo al lado de un centro comercial muy grande para comer según tu, los mejores tacos de la ciudad, sólo que yo no comía carne y me los pedías de papa.  

 

Aun no estoy muy seguro de cómo me inspiraste o de cómo he logrado continuar mi mundo sin ti a pesar que verdaderamente creo en lo efímero que puede llegar a ser todo y al “nada es para siempre” pero aquí estoy tratando de trasmitirte mi parte. Sabía que un día ya no te vería más, que amaría a otra persona que no fueras tú, que viviría lejos de ti y ahora que eso ha pasado encontré que era el momento perfecto para que lo supieras. Aunque tenemos la misma edad, tú fuiste precoz, eres un personaje muy interesante, evidentemente no te relataré como eres y todo lo que sé de ti ni qué me hizo comprender el por qué de cómo eres, sólo esto, pude contar y sentir todas tus cicatrices, nos tomamos el tiempo para suavizarlas y poder continuar en este juego que incluía sentimientos encontrados, algo de sexo y mucho aprendizaje. Me recordabas a todo momento mi incapacidad de asimilar positivamente ciertas cosas de la vida, como las injusticias cotidianas, las que cometías conmigo y de las que cometíamos juntos. De mis incógnitas teológicas y viajes mentales que terminaban en frustración mezcladas con discusión más un toque de sensualidad involuntaria. De cierta manera conocí una parte mía algo oscura que no he compartido con algún otro ser. Te acuerdas de la foto en sepia que tomaste en tu España natal, de las tantas tardes que subíamos a la azotea para atisbar el cielo amarillo y percibir el aroma característico a drenaje de la ciudad, de aquel día que llegó a mi puerta esa postal tuya desde Budapest tratando de justificar tu huida del país con tu ex novio sin despedirte oficialmente de mi; sabes que fijación me creaste, la de coleccionar postales, pues teniendo muchas, la tuya poco a poco se tornaría insignificante. Decías que debía madurar, que no podía frustrarme por tu comportamiento pero sabes qué he pensado después de todo, más allá de cualquier lección, me enseñaste el comportamiento de una gran puta, pues cualquier persona normal se frustraría con esa manera tan cínica de ser.    

 

Tuve dos grandes momentos contigo, uno fue aquella noche en la pequeña ciudad, donde en realidad te conocí, yo salía contigo pero no habíamos intimado de esa manera, si fue por el umbral de percepción más agudo que me brindó el cannabis o simple desapendejamiento no lo sé, pero intimé contigo, te conocí. Mientras teníamos el mejor sexo de todos los polvos que tuvimos hasta ese momento, sabía que este era diferente, sabía que era el último. Sentía esa nostalgia que uno tiene cuando se despide de alguien. Eso que dijiste mientras bajábamos por Tepetapa*** respecto a nuestro futuro, definitivamente no nos veíamos el uno con el otro al cabo de unos años. No sé si fue demasiada honestidad o ya sabías de ese viaje sin fecha de retorno y del que no planeabas contarme para simplemente desaparecer, de aquella pregunta que hiciste al aire y quedó inconclusa debido a mi incapacidad por responderla. Rodrigo, qué va a ser de mi cuando te vayas.

 

El otro momento fue en la gran ciudad, cuando hacíamos el recorrido nocturno ya de por si cotidiano al centro de la ciudad, vernos en Moneda y caminar hasta llegar al Río de Plata, beber unas cervezas, salir y avanzar por Donceles hasta Guatemala 18, ingresar al Centro Cultural España donde no era necesario formarse pues ya eras conocida. Embriagarnos plácidamente y decirnos lo significativos que éramos el uno para el otro, odiarte por filtrear con otros y odiarme por mi incapacidad de no poder abandonarte, por mi inmadurez. Recuerdo tus mallas azules, tu piel pálida, tus ojos claros y labios pintados con un rojo opaco. De cómo te encontré besando a una sombra**** y decidí que era momento de partir. La tensión de aquel te alertó y fuiste algo torpe al tratar de seguirme, yo me detuve para fumar un poco y al vernos no pudimos decir nada, nos dedicamos una pequeña reverencia con la cabeza acompañada de un gesto algo incómodo, simplemente ya no había nada que decir. Ese fue el mejor momento Minerva, verte alejar de mí tranquilamente, oír el sonido de tus tacones alejándose firmemente sin siquiera pensar en volver para romper la perfección del momento. El observar como la luz amarilla semejante al de un atardecer te iluminaba al encender un cigarro algo confundida antes de abordar y partir en tu Peugeot, mientras te perdías en el amanecer y la multitud de la ciudad, mientras te alejabas de mi un marzo veintisiete, en mi aniversario, nuestro aniversario.

 

Minerva ¿ya he madurado?

 

Guanajuato Capital 2011.

 

 

CoLdBuDY  

©Todos los derechos reservados. 

 

 

 

Notas adicionales.

* Nube de Humo.

Todo empezó como un pequeño juego,

Lo deduje en el momento que sonreíste sin conocerme.

Si creyera en el destino, pensaría que él fue el culpable de esto pues

¿Qué otra explicación hay?

El aire lleno de albricias,  de personas que hace tiempo no se veían,  se saludan,

Se besan, otros se conocen.

Murmullos que invitan a cambiar de habitación para unirse en un acto que sólo pueden compartir dos personas.

Afuera hay euforia, ¿de qué? supongo de vivir, de todo menos anquilosar el momento.

Parecíamos animales olisqueando el terreno, mandando y recibiendo señales.

¿Pasé la prueba? Tu sí.

A pesar de las fuertes e intensas inhalaciones, éstas no fueron las culpables de anestesiarme,

Fueron tus palabras.

Llegaste como nube de humo, intensa y densa al principio, suave e indiferente al final.

Lenguaje corporal, recuerdos plasmados en mi piel, fue todo. Caímos.

Ni el frio ni los curiosos impidieron que tus labios se juntaran con los míos, que tus manos se cruzaran con las mías, que el deseo recorriera tu cuerpo y la cautela el mío.

Días, canciones, adrenalina, frustración, tristeza, incertidumbre y felicidad  tuvieron que transcurrir para escribirte estas líneas.

Seguramente jamás sabré de ti, tal como debe ser…

¿Te acordarás de mí? Yo sólo te diré

Gracias por venir.

** Frase usada por Rodrigo en toda ocasión.

*** Es la calle que se encuentra en el cerro del mismo nombre, Tepetapa. También está referenciada en la parte final del relato VIII. Teoría y Práctica de Crónicas Noctámbulas II.

https://coldbudy.wordpress.com/2010/08/04/viii-teoria-y-practica/

****Palabra usada para describir personas de identidad irrelevante.

 

 

 

 

 

Bonus. Relato original dedicado a ella años atrás.

 

Oh Minerva.

Un año más, estás decidiendo si usar esas mallas azul eléctrico que tanto te gustaron cuando las viste en aquel aparador o si usaras simplemente unos jeans con accesorios que te hagan ver diferente. Decides usar las mallas, piensas que hay cosas indescriptibles en esta vida, como eso que usarás hoy.

No sabes que hacer, no sabes que vas a hacer de tu puta vida, a veces piensas que eres demasiado culta como para decir imprecaciones, pero como siempre, eso no te importa, lo haces y lo seguirás haciendo. Ya no sé ni cómo es que llegué a tu vasto mundo, eso que importa ya.

Debes gustarme demasiado, mira que escribir estas cosas, sólo se hace por alguien que deja algo en la vida, pero eso ya es otra historia, estaba en que habías escogido aquel conjunto que va tan bien con tu piel blanca y ojos miel. Crees en los deseos, por eso desde niña al soplar las velitas del pastel deseabas conocer al hombre que mejor encajara contigo y pasar el mejor cumpleaños de tu vida, pero ya sabes cómo es eso del destino, nunca sabes cundo te concederá tus más recónditos deseos, por eso, hay que estar preparado para todo.

Aquella noche de luna nueva, te dispones a celebrar, a ver qué sucederá, ya vas preparada para todo. Decides manejar hasta el centro, tienes ganas de tomar cerveza, nada pretencioso; quieres pasar por todas las avenidas importantes de la ciudad manejando a velocidad nada moderada, escuchando tu música favorita. En este punto de la vida, prefieres la música tranquila, aquella que con sus líricas te lleve a lugares a los que jamás has viajado y ni viajarás, pues esos lugares no existen más que en tu mente. Quieres que te multen, quieres sentirte importante cuando el tránsito se acerque a pedirte la documentación y excusarte con una cínica sonrisa mientras que aquel te mirará tiernamente y te pedirá mordida, tú pensarás hijodeputa, pero al menos habrás sido importante en su mundo por cinco segundos, eso es lo que querrías ¿no es así?

Finalmente tras una multa y una hora manejando pensarías que todo va saliendo como pensaste, pues qué no querías ser multada.

Estacionas el coche en cierta calle del centro y te diriges hacia uno de los bares más ordinarios del barrio, recuerda que esta noche es de cero pretensiones y así debe continuar, nada puede lucir mejor está noche que tú, eso te queda claro al llegar cuando notas las miradas de varios despistados que te observan de arriba abajo. Te abres paso entre la multitud, te sorprende encontrarte con amigos y demás que están ahí haciendo la misma rutina que tú, precopear en ese bar y después seguir a lado. Platicas con ellos, es ahí donde me miras fijo, pensado en si acabaremos la noche y empezaremos el día juntos, yo pienso exactamente lo mismo, sólo que con otras palabras. Luces espectacular, mejor de lo que recordaba, pues tenía meses de no verte, desde que te conocí aquella noche increíble como tu outfit de hoy. Por fin el destino me juntó contigo, no lo sentía, pero deseaba estar contigo esa noche. Los demás, tu y yo nos dirigimos al segundo piso, y notas como sutilmente te observo por detrás, pude notar la satisfacción que eso causo en ti, pues ¿a caso no querías sentirte la más importante esa noche?, yo estaba haciendo mi parte, tu jamás hiciste la tuya.

Nos acomodamos en un rincón y comenzamos todos a platicar, noté como a tu segunda cerveza comenzabas a perder el piso, no pude evitar sonreír, pues ese tipo de cosas son las que me gustan de ti,  qué lástima, hay más que no. Es hora de partir, comenzamos a acercarnos más, es tiempo que nos tomemos de la mano, es tiempo de besar tus labios, de percibir tu olor, de sentir tu piel. Dentro del lugar continuamos bebiendo cerveza; los demás desaparecieron como de costumbre, nos encontraremos a la salida, ahora sólo estamos tú y yo, comenzamos a bailar, busco tu mano para juntarla con la mía. De pronto ya no escucho música, tu ya no eres Minerva, eres todo lo que he deseado desde siempre, por un momento me haces creer en todo, oh Minerva eres lo mejor.

Subes a tu coche, reclinas la cabeza en el asiento e inhalas profundamente, aceleras y te alejas perdiéndote en la enorme ciudad, yo enciendo un cigarro pensando que probablemente será la última vez que nos veremos pues Minerva, en mi mundo sólo puedes ser importante un día, mañana, sólo seremos otra vez nosotros, sin pretensiones.

Cd. De México 2008.

 

 CoLdBuDY  

©Todos los derechos reservados.

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