XI. Aventuras en Solitario.

 

Estoy condenado a errar

Medium, Cerati.

 

 

 

Eventualmente en la vida encontramos una válvula de escape la cual usamos a conveniencia nociva o inocua para lidiar con la vida, actividades como pensar, leer,  llorar, depresión, volubilidad, escribir, morir; alguna adicción o algo de tinte psicopático entre otras. He aquí donde después de un casi inconmensurable número de crisis existenciales posteriores fue que este pobre individuo se dio cuenta que estaba solo por la vida cargando sus propias consecuencias de cada una de sus acciones. Partiendo del hecho de que todos, sí, todos somos pre-juiciosos, unos más y aquellos menos que otros (nótese el prejuicio) se tiende por ignorancia a prejuzgar las acciones de los demás.

Por algún lado está escrito la sarcástica cita que dijo algún personaje famoso “yo no me ocupo de mis asuntos, los demás lo hacen” y siguiendo con lo que decía hace unas líneas atrás, uno no se da cuenta de eso (juzgar) hasta que ya lo hizo. Uno se vuelve egoísta cuando se trata de conseguir algo, que aunque no se admita y se le pongan muchos nombres, se sabe en el interior que eso se llama felicidad. Todo lo que se hace es para conseguirla y a veces cagamos el entorno en el que supuestamente tratamos de obtenerla.

Indecisión, resultado de no saber qué es lo que se quiere; acto consecuente en la mayoría de los casos conlleva a la irresponsabilidad, a depositar la labor de decisión a otro con frases como: no sé, no estoy seguro, o de plano el decide tu a lo cual tu respuesta siempre será: di Sí o di No. Si no sabes lo que quieres, no es mi problema.  

La sensación más pura jamás antes sentida, eso es lo que te motiva para seguir moviéndote, siempre hacia adelante, sin salir del camino, sin retroceder, si acaso mirar atrás para ver cuánto has avanzado, soslayando en camino a tramos para darle emoción al viaje, pero jamás dejar de moverse. Cuánta estupidez no se hace durante el camino hacia la felicidad, hacia madurar, porqué tomar el verbo “arrepentirse” como algo negativo y no como etimológicamente es, simplemente “darse cuenta” y hacer los cambios necesarios para no cagarla de nuevo. En un afán por encontrar respuestas, buscarlas en una religión resultó un fracaso vehemente pero no así en la esencia de todo, en el espíritu, en la base de toda la materia. Fue un periodo confuso pues todos tienen su propia verdad, cada uno en particular tiene sus percepciones acerca de su propio mundo, todos quieren que uno se adapte al mundo del otro o este al de aquel, en fin, una verdadera locura ha sido la búsqueda de la verdad, o al menos de aquella que te haga sentir fuera del montón. Uno puede pensar que el error del otro ha sido una falla relativamente estúpida y aquel puede pensar lo mismo entrando en un ciclo de vicio intelectual que paraliza el proceso creativo, pues se está más ocupado juzgando las estupideces ajenas que las propias.

Puede que consideres mis palabras una pretensión, un conformismo absoluto, incluso un juicio irrelevante, pero ¿quién eres tú para criticar la forma en la que esta vida me ha hecho caminar y pensar y, quién soy yo para prohibirte pensarlo y enojarme por ello? Debería estar pobre de raciocino si así lo hiciese.  Que hay momentos para todo, y este es para reflexionar; están los momentos para fornicar, para pensar, de reír, llorar y gritar. De disfrutar, maldecir y arrepentirse; aquellos momentos para caminar de noche por la ciudad, de oír los ruidos que rugen por las calles, callejones, sus recovecos y las grandes avenidas de la ciudad. Momentos de renunciar a lo que tanto uno desea, espera y ama porque simplemente no es el momento. Justo hoy ha sido uno de esos días efímeros, desde que amaneció y oliste su rocío, desde que bajaste al centro y caminabas, como si la ciudad se estuviera despidiendo de ti, eso ya te había pasado en aquella otra grande ciudad, como si supiera que ese mismo día por la noche ya no estarás más ahí; mientras te preguntas que si así será la muerte, en que si así mismo harás un recorrido por todos los recuerdos en tu mente de lugares, olores y personas. Si sentirás ese sentimiento de felicidad y tristeza, un estado  nítido de ambivalencia que jamás se transforma en indecisión, ese que te da al caminar por ciertos caminos que sabes no caminarás en largo tiempo y que te recuerdan cosas bellas…sin importar los empujones que la gente te da al pasar junto a ti e incluso las palabras de algún estulto que te dice “muévete y no estorbes pendejo” pues ¿qué acaso él no te estorba también?, sí, definitivamente así debe ser la muerte, irónica como la vida.

La gente irá, te aventará, tratará de sacarte del camino y hacerte errar pero momentos como este siempre habrá, en los cuales pensarás que todo ha valido la pena, en los que el viento te susurrará que es tiempo de moverse, mientras reflexionas en esos momentos que ya han pasado, que han sido maravillosos y en aquellos que no lo fueron, creer que se expandirán y se comprimirán en “tu” universo, tener certeza en que perdurarán a través del tiempo, por toda “tu” eternidad.

 

 

 

CoLdBuDY  

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