IX. Los Pasos del Historiador.

 

No escondas de mí tu rostro…

Salmo 143:7

 

 

 

Septiembre 2010

Sí joven, está cabrona esa situación, te digo, ahí en el penal hay unos compañeros por andar haciéndoles jalón a las muchachas estas, si uno como taxista ya sabe que eso no se debe hacer y digo, no falta la chamaquita que te dice: Hola Don, ¿no me invita a dar la vuelta? y pues ni modo de decirles que sí, no sé mis compañeros pero al menos yo tengo a mi familia y pues eso ya está más cabrón porque imagínese, este es un pueblo pequeño y todo se sabe, por eso mismo le digo que ahí están entambados unos colegas en el penal, porque a uno sí se le ocurrió cogerse a una chamaquita y resultó que era menor de edad, los padres de la niña que demandan al pendejo ese, que lo acusan de violación y no sé qué tanta pendejada más. Ya sabes cómo es esto, si uno se apendeja pues ya bailó. Fíjese, ¿cuál es tu nombre? Rodrigo le dices. Bueno Rodrigo, te decía, esas chamaquitas son re putas, pero nombre, nada comparado con las gringas, esas si son Putas, vieras nomás que les encanta andar encueradas en todos lados, hasta en el supermercado. Ya sabrás que aquí uno sube y baja a extranjeras diario; una creo sueca, así bien güera, le dijo a mi compañero que pues se fueran allá por el túnel que sale a la presa, total que se la echa y la cabrona que lo demanda por abuso, dijo que se aprovechó de ella por andar borracha y le quiso sacar baro pero como aquel compa pues nomás nada de dinero, lo terminaron metiendo al penal por abusar de una extranjera. Es como le digo joven, yo cuando me fui para los estados unidos a trabajar un tiempo, me adoptó una familia bien buena, necesitaban un chofer pa´ manejar un tráiler y pues yo sabía, terminé viviendo con ellos en su casa móvil y siendo parte de ellos; tenían dos chiquillos, le dije al gringo que pues dónde iba a dormir yo y que me señala un catre fuera de la recamara de ellos; haz de cuenta que la gringa se paseaba en calzones frente a mí, se vestía cuando notaba que yo estaba afuera, lo hacía a propósito para que yo la viera eso seguro. Y ¿nunca se la tiró señor? preguntas irónico. Jamás joven, jamás ¿cómo iba yo a traicionar semejante confianza? después de que ellos me recogieron en la calle y pues para no  hacer el cuento más largo y como ya casi estamos llegando al mercado, a lo que iba yo a decirte es que te cuides, desconozco la razón por la que estés aquí, si te vas ir de antro o algo así no sé, cuídate porque me cae de a madres que esto está cabrón, ya sabrás que estando lejos de casa pues a uno se le antojan los favores de una mujer y allá había una putilla, no te miento, era una barbie, yo por supuesto que jamás acepté sus favores, siempre decía que de a ten bucks pues para su droga, era bien puta y bien drogadicta, pobrecita porque estaba realmente bella. Tiempo después yo me regresé para esta ciudad y como al mes me llega un fax que me fuera a hacer la prueba del VIH porque la puta aquella se había ya muerto nada más y nada menos que de pinche SIDA, no pues yo casi me cago pero afortunadamente jamás me favorecí de ella, pero un compa no, él sí se la echó y ya le hubieras visto tú la cara al cabrón, tenía mujer y criaturas, lo bueno fue que pues no tuvo nada, pero el susto ¿quién se lo quita haber?… bueno joven ya sabe, usted buzo con esas cosas, no vaya ser el diablo…Hemos llegado. Bajas del taxi y notas como ha rebajado cinco pesos a la cuota que inicialmente te había dicho, le agradeces la plática y te diriges a casa. Subiendo el callejón miras una vista de la ciudad que en todos los años de pisar sus calles jamás habías visto, lamentas no traer una cámara a la mano y quedas observándola un rato, notas lo francés en la cúpula del mercado y también se te antoja un buen camel pero ya hace rato que no gustas de fumar, así como no gustas de muchas cosas que antes disfrutabas como menester. Subes y subes, das vuelta a la derecha y en el primer callejón subes, sigues derecho dirección arriba, llegas a una bifurcación y tomas el lado izquierdo dirección arriba; pasa un taxi alumbrándote directo a los ojos dejándote medio ciego por unos cuantos segundos, debe ser ya la media noche, llegas a unos árboles y sabes que ahí debes parar, ingresas, te desnudas, hace calor, hace tiempo, hace sueño, tienes nostalgia pues es ya su aniversario, es momento de pensar en ella y de seguir en búsqueda de tu piedra filosofal. Abres el cajón, sacas la caja donde guardas cosas memorables, sonríes al ver el corazón de barro que está dentro como esperando ser encontrado al son del ritmo de una guitarra española, lo tomas, lo observas, te alegras un poco; regresas la vista a la caja y sacas un papelito que dice “you have a charming way with words”… Caminas hacia la ventana, la abres, entra una brisa nocturna, dices su nombre al viento esperando que éste lleve intacto tu mensaje hacia ella porque puede ser que esa mujer no recuerde la lección que te enseñó, puede que ni te recuerde, puede que sí, ojalá no hubiesen sido tan sinceros, ojalá no todo fuera tan efímero, ojalá lo venidero sea mejor que lo dejado ir o lo pasado.

 

 

 

Septiembre 2006

Desde que amaneció pareciera que pasaría algo interesante, la exposición de Ricardo Legorreta te ha puesto de buenas, cómo puede haber gente tan talentosa, cómo le hace, quién le dio su primer grande oportunidad, cómo se maneja todo eso. Vas dispuesto a regresar a casa cuando por algún motivo recuerdas que es jueves de descuento en el teatro, es temporada del Shakespeare y anunciaban la del sueño de una noche de verano. La compañía que lo presenta es la de bellas artes y sin muchas expectativas compras el boleto…Siempre has pensado que tú en realidad no eres tú, un sueño recurrente te lo recuerda; es evidente que no crees en las vidas pasadas pues tu religión lo impide, pero sí crees en las posibilidades ¿y si en realdad no soy yo éste que ves? dices en tus adentros. El sueño no te se sale de la mente, eras tú platicando con una mujer en un lenguaje desconocido, ni siquiera recuerdas la fonética pero sí el paisaje, tienes ese sueño frente a tus ojos como una pintura o una fotografía recién vista. Era de tarde ya, de esas tardes amarillas que tanta nostalgia te provocan, tenias colgada una cámara profesional y un trago en la mano, hacía mucho calor y era la terraza de un edificio de cuarenta o cincuenta pisos, se podía ver el desierto a lo lejos y el sol reverberando en sus arenas. El ambiente era tenso pero agradable, había plantas típicamente desérticas clavadas falsamente al suelo aproximadamente cada treinta metros, los sillones son de cuero blancuzco casi color perla, en las cornisas hay adornos de madera muy ostentosos, definitivamente es un hotel y no es nada barato. Ubicas la escena a mediados de los años sesenta a finales de los años setenta, se siente un impulso en la sangre y una sensación indescriptible del final recorre todo tu cuerpo, por la expresión de los demás piensas que han sentido lo mismo, te miras en el reflejo del vaso y eres tú pero de unos veintisiete años, se oye el sonido de muchas personas marchando, alguien grita “el ejercito” pero en otra lengua mas sabes que ha dicho eso, se miran uno a otro incrédulos de la situación y alguien más grita en el mismo idioma desconocido “es una emboscada”, otra más echa un grito desesperado. Los pasos suenan cada vez más cerca, se escucha una detonación a lo lejos y ven un edificio en llamas, están en medio de una guerra y todos estaban ahí para cubrir el evento; sientes como el sol reverbera en ti y sabes que morirás, volteas a la puerta que sube para la terraza y ves como la derriba una persona vestida de verde opaco con una patada firme, justo ahí despiertas siempre. ¿Soy ése que veo yo? ¿Soy éste que ves tú?        

La obra empezará en media hora exactamente, hay tiempo para beber un café y hojear ese libro que no puedes terminar de leer. En el fondo desearías poder compartir esos pequeños momentos de la vida con alguna mujer pero son apenas veinte años de vida, eso se dará lógicamente después, pero ¿y si no? Mejor compartirlo con un buen amigo, pero en esta ciudad digamos que no has hecho muchos amigos aún, en realidad aún no han surgido las ganas de tenerlos ni un para qué, si de todos modos te mudarás pronto de ahí y tendrás que despedirte para no verlos jamás, así que mejor solo, así como naciste igual puede que mueras. Bebes el café y hojeas el libro, miras alrededor, hojeas el libro y bebes café, pierdes la mirada en el horizonte y bebes café. Piensas en que te apetece cenar y atrapas la mirada de una joven que te mira fijamente a los ojos, trae puesto un gorrito interesante, sus ojos son verdes, su piel es blanca y sus cabellos del color de la cebada; le sonríes un poco pero ella no responde, sigue mirándote, te incomodas un poco sin dejar de notar que es muy bella, continuas hojeando el libro sin leer una sola línea, miras el reloj en la pared y es tiempo de entrar al teatro, miras en dirección de la joven y ya no está. Es mitad de la función y corres al baño, te la topas de frente y no se inmuta, penetra en tus ojos como si supiera tu más íntimo secreto pero no te incomoda, te causa diversión. Le vuelves a sonreír y se vuelve sin responder. La obra termina sin más y es reconfortante que no eres el único loco que tiene ideas revoltosas en la mente. Sales con mucha hambre y ahí está ella fumando un cigarro sentada con la pierna cruzada como si te estuviese esperando desde hace ya rato. Te llama con la mirada y vas hacia ella sin más. Tienes un cigarro para compartir, cuestionas. Quién pregunta. Rodrigo, quién pregunta. Yahel. Sin decir una palabra caminan en dirección desconocida, la ciudad es tan grande que podría tragárselos, habla con acento, definitivamente no es citadina, cenan, intercambian números y quedan para mañana temprano.

El día está perfectamente nublado, al parecer ni un rayito de sol se mostrará durante el día. Toman el metro y se van rumbo al sur de la ciudad, caminan, platican de todo y de nada. Soy músico, dice ella, estoy aquí para unas audiciones en bellas artes, prácticamente soy chelista aunque toco violín y viola también, soy de Jalisco, mi nombre es muy extraño y no sé qué significa. Interesante, yo soy algo distraído, estudio idiomas, letras y algo de publicidad, casi no tengo amigos y ando en busca de mi piedra filosofal. Piedra filosofal eh, ¿fan del alquimista? Ejem, en realidad no, así le llamo a ese elixir de la vida que aún no encuentro o que por lo pronto soy incapaz de ver. Vaya, estás algo loco pero suena bien. Sí, tú estás bella, interesante y tienes algo de filosofal. Sí, siento que ya te había visto en algún lado. Lo dudo, eso me dicen siempre, igual  es por la barba, me han confundido varias veces con otros tipos o que les evoco a alguien, supongo que mi rostro es algo ordinario. O algo especial, si les evocas a alguien, casi siempre uno se acuerda de personas que impactan de forma singular nuestras vidas. Sí, siento también que te conozco de antes. Puede ser que en la vida pasada, alguna vez te ha pasado que sueñas que eres alguien más. Alguna, sí. Entonces puede que ya nos hayamos conocido en otro plano de esta realidad. Puede sí, pero yo no creo en eso. No es que creas, sino de una posibilidad. En eso sí creo, en la posibilidad. Es posible que en otra vida ya te conociera Rodrigo, debimos haber sido muy felices, tanto que en esta vida debimos toparnos otra vez. Fuimos sí, somos también, seremos no sé.

Comen sin decir palabras, sólo se miran; terminando les traen una galletita de la suerte y en la de ella no hay papel, rompes la tuya y dice “you have a charming way with words”… Ella ríe mucho y reafirma lo que el papelito dice. Después salen y caminan, se topan a un joven que huele mal pero vende cosas interesantes, unos niños le gritan ¡cavernícola! pues es de un prieto y facciones muy mesoamericanas, vestido en harapos, con un tonito de hablar muy del sur del país y lo que principalmente le hace parecer cavernícola son sus rastas mal agarradas entre sí y unos collares amontonados en su cuello, al parecer colmillos y dientes de animales o algo semejante. Aquella te compra un corazón de barro pequeño, con una cavidad para ponerle cadena y ser llevado en el cuello, te dice que es lo más parecido a una piedra filosofal que ella podría regalarte. Luego van a su departamento, se besan un poco. Tiene a la vista sus instrumentos y le pides que toque una pieza en el chelo mientras descorchas la botella de vino que compraron de pasada. Después se incorpora y esperando que no se moleste, tomas su violín para tocarle una canción que alguna vez escuchaste en un sueño que locamente pudiste recordar al despertar. Es algo melancólica pero muy animosa, como de esas alabanzas judías.

Yahel, espero algún día puedas venir a mi ciudad, a mi otra ciudad. Sí, espero, quiero caminar contigo esas calles coloridas y sinuosas; crees en el amor perfecto Rodrigo. Sí y no, creo en la posibilidad del amor perfecto, creo que el único amor perfecto es el que tengo con el que me creó y el que hizo que te conociera; creo en el amor moderno, en ese que hace querer tragarse tu tristeza y convertirla en alegría, en el hecho de regalarte un buen libro y me recuerdes por siempre, de decirte que eres lo mejor que me ha pasado en la vida aunque haya después otras cosas mejores, creo en hacerte sentir parte de mi mundo y abrazarte hasta que me alejes por empalagoso, en ese beso que dejará saliva mía en tus labios y que tu limpiarás por asco o por considerarlo inapropiado, cosas así creo. Mi buen niño, creo en lo que tú crees, también creo que todo es efímero y eso me pone triste, mas te la has tragado y convertido en alegría, te quiero.

Hace calor, repentinamente la noche se ha puesto fresca, desnudo te levantas de la cama y caminas hacia la ventana, la abres, tomas un cigarro, lo enciendes, escuchas los pasos noctámbulos de las personas que van pasando, ves los edificios iluminados, tu mente divaga, piensas en ella, en que siempre la recordarás hasta el día que tu mente la borre por completo. Piensas, mientras tanto, que seguirás en la búsqueda de tu piedra filosofal sin olvidar la lección que ella te enseñó, todo es efímero.

-Mi niño hermoso, qué haces allá, en qué piensas, vuelve a la cama conmigo.

 

CoLdBuDY ★ 

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