VI. Otros Ojos

 

Hay algo extraño siempre, de pronto platicando o yo que sé, se supone que la charla debe ser coherente y de pronto uno está hablando del origen del universo y el otro de pronto te dice que María tuvo un accidente, que todo está bien y que ya tiene planes para este fin de semana. Pones cara de interrogación perpetua y poco a poco empiezas a hacer a un lado la plática mientras tus pensamientos comienzan a viajar millas y millas lejos de donde tu cuerpo está…

El simple hecho de saber que esas tardes amarillas llenas de sol taciturno irónicamente tardarán más de lo que habías pensado, aún hay un pacto con el Dios dador de todo que cumplir antes de partir, no estás del todo seguro en qué consiste ese pacto ni el porqué de las cosas, sólo sabes que eres hasta cierto punto afortunado, eres ese suertudo que ahora puede ver las cosas desde otra perspectiva y no es que antes no las percibieras así, más bien ahora se siente diferente así como esas veces que vuelves a ver una fotografía y le encuentras muchos detallitos que antes no habías notado.

 Es momento de mover el cuerpo al ritmo de sonidos desafinados, estás rodeado de tus amigos y comienzas a hacer una prueba a cada uno, te preguntas cuántos de ellos son sinceros contigo, cuántas veces se han ido en situaciones en las que se debieron haber quedado, más preguntas se forman en tu mente y también piensas en todas las veces que tú les has fallado, pero ¿qué no conlleva indirectamente situaciones así la simple convivencia con otro ser humano lleno de defectos e imperfecciones como las mías? e inesperadamente surgen deseos de llamar a quien consideras partió en dos tu esencia humana con esperanza que sea respondido tal llamado.

Recordar aquella historia bíblica en la que el satanás interfirió en la vida de Job con el permiso de Dios para hacernos saber que hasta el hombre más recto puede ser probado; y luego uno se queja de su tribulación, pobrecitos. Somos seres codiciosos que queremos montones de dinero, no nos importa la inteligencia ni la diversión, el punto es sobresalir, mirarse al espejo y decirse “soy el mejor”, andamos en caminos sinuosos y de pronto ya ni sabemos qué está bien o que está mal, estamos programados para reaccionar en cuanto jalen el gatillo y, justo cuando pensamos que todo está claro, llega un miedo terrible y hace que las rodillas nos tiemblen; todo por estar cimentados en banalidades.

Un día divagando pensabas en cuál era tu mayor cualidad y tu peor defecto, resultó que jamás diste con la respuesta, pero si entendiste la cualidad de un buen amigo; pensabas que estar contigo en ciertas situaciones, en tenderte el brazo cuando cayeras, en felicitarte por tus logros y en tu cumpleaños, en decir lo que nadie se atreve a decirte, en beber cerveza y fumar un camel eran las mil y un cualidades de un buen amigo, esa noche, mientras te contaba un chisme y no estabas poniendo atención, por iluminación divina o simplemente por ocio puro, discerniste la verdad y esta era: “La cualidad de un buen amigo es simplemente la de reconocer cuando está frente a otro buen amigo”, ¿no?

Después de eso te pusiste a pensar en las caricias que te hicieron sentir bien y en la persona que las provocó, pero al cabo de unos minutos la sensación continuaba pero la persona ya no era la misma, era como un rollo de película a 24 por segundo cambiando de posición y lugar, comienzas a reír porque en general ese tipo de divagues dan risa pero también tristeza por la incapacidad de no poder distinguir a esa persona que partió el tiempo en dos o ¿acaso olvidaste mencionar que eres muy joven para clavarte en esas cosas?… tu mente comienza a volver poco a poco a la conversación, el calor comienza a incomodarte y notas que ya no están hablando de María, sino de viajes y otras latitudes; te pregunta que si alguna vez te has enamorado y algo frustrado le respondes que tantas como las que te has desenamorado, -¿y tú? le preguntas ansioso. -Más de las permitidas te dice. El balcón está iluminado con foquitos amarillos y tu mente regresa a donde pertenece, a ese cuerpo lleno de imperfecciones que por el momento lucen perfectas al son de unas miradas cómplices, testigos de un momento digno de disfrutar. Reconoces que es un buen amigo, le dices que un día de estos madurarán y se irán acompañados de un buen café más una buena dosis de nicotina, que son algo jóvenes para equivocarse y atreverse a ir más lejos; todo esto acontece mientras es de noche, mientras percibes que sus ojos son verdes y su piel totalmente blanca, mientras te das cuenta que todo esto has escrito ya con otros ojos.

 

CoLdBuDY ★

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