V. El equilibrio del Aries

 

              Hace un par de años, muchos atrás antes de que estuvieras loco y comenzarás a ver todo color azul eléctrico, había un lugar al que ibas rutinariamente los sábados, antes de que María se atravesara en tu camino y todo se tornara mierdoso. Ahí estaba ella con unos skinny jeans mucho antes de que se comenzaran a usar, más una playera amarilla que anunciaba “What babes don´t  know”  caminado, bailando, gritando, saltando, bebiendo o sólo disfrutando una noche como cualquier otra, la única diferencia fue que se vieron por primera vez.  Después vinieron otras personas, muchas situaciones y pocas ciudades, luego María.

Después de unos días de fastidio, sales con personas que no son tus amigos, pero basándose en la teoría del Señor Monsiváis que amistad es la predisposición del ánimo, entonces sí, aquella gente si era tu amiga. Tu teoría apuntaba a que María debía ser borrada del sistema pero es imposible sacar sus palabras de el aunque pensándolo bien, ya está procesada sólo que a veces el aburrimiento es mayor que el orgullo y para eso no hay teoría.

Resulta que en ese lugar la mayoría se mete cosas para sentirse más buena onda, diferentes, simple rebeldía; o mostrar intensidad vaya, jamás hay explicación del por qué o para qué meterse cosas, son simples opciones alternas a la realidad. De cualquier forma esto es prejuicioso, y si eso es necesario para poder ver todo color azul eléctrico, estoy bien con eso. Porque el hecho de estar fuera del camino no necesariamente significa estar perdido, o que estar sentado esperando algo necesariamente significa estar resignado y mucho menos estar rodeado de gente significa estar acompañado; entonces nada mejor que una refrescante XX lager para calmar la ansiedad provocada por recuerdos tormentosos de situaciones inasequibles. Nada mejor que la propia droga generada por el mismo organismo para tranquilizarte, aunada al efecto frígido en tu cerebro provocado por la cerveza al recordar aquel día en que Minerva te parecía la mujer más bella en esa jurisdicción y por alguna estúpida razón la asocias con el cuadro colorido viva la vida. Más y más endorfinas son generadas al recordar ese pasillo blanco con murales rojos y unas letras enormes negras “shoot me to the core” y de cómo Minerva te observaba antes de darte el beso mejor regalado hasta ese día; ahora, sólo fueron necesarios una cocina, una puerta bien cerrada y unas palabras tan sinceras como simples para decirle “te voy a besar”, sin esperar a que los astros se alinearan y conspiraran a tu favor para que eso sucediese y así convertir ese beso en el mejor que hayas dado hasta ahora.  Ojalá fueran así de simples todas las cosas, poder decir que fue divertido, buena onda y que se vuelva a repetir.

Miras sombras torciéndose y lo divertidas que son, recuerdas las noches que has sido una de ellas y lo bien que se la pasa siendo uno del montón, una extraña mezcla de felicidad y tristeza se combinan con las endorfinas más el 35% de alcohol y nicotina en la sangre. Ambiente perfecto para resetear el alma y dejar todo atrás; tiempo de buscar miradas y esconderse de otras, de gritar muchos “te amo” y cerrar los ojos; de ver toda la maldad que nos envuelve y al mismo tiempo omitirla para ser más que felices, para convertirse en una especie de testigo inocuo o mejor dicho, ser un alcahuete nocturno del montón de hormigas sin dirección alguna.

Vas caminando por la ciudad, caminando, sientes el ritmo de las cosas, evidentemente no estás dopado, traes puesto audífonos y estos emiten sonido sin embargo no los escuchas, ingresas a la estación del metro y comienzas a bilocarte, a lo lejos se ven los edificios representativos de la ciudad, oscurece frente a ti y ahora las calles son empedradas, la luz es amarilla, las paredes son de colores, murales de cazadores negros matando ciervos, de personas tocando tambores y desde hace ya un par de minutos un sonido raro, diferente no deja de sonar en tus entrañas, hace que te conectes con todo y con nada, desearlo todo y no tener nada, pensar en estar vivo y estar muerto, reconoces el sonido y no puede ser otro más que el de un didgeridoo*.  Recuerdas la historia que escuchaste de infante al sonido de ese instrumento, rodeado de fuego y prestidigitaciones, contaban la historia del hombre: primero la tierra, después los demonios, luego vinieron los humanos e hicieron que los demonios se alejaran de aquella, éstos se rehúsan a irse y atacan a la humanidad, entonces unos ancianos capturan un demonio y hacen que un niño, el elegido, se trague el corazón y entrañas del demonio para que absorba su maldad y así protegiese a la humanidad de los demonios y así, cada generación había alguien que heredaba esa misión hasta nuestros días.  De una forma poética, ¿esa historia estará muy lejos de la realidad?

Bajas en la estación donde las calles tienen nombres de ciudades mundiales, pasas por Londres,  das vuelta en Niza y llegas a Reforma, está algo nublado y el cielo se precipita lentamente; caminas evadiendo charcos mientras que por alguna razón recuerdas las veces que besaste a la skinny jeans y la forma peculiar de morderte los labios, de la risa que te provocó saber que era amiga de María, y de la plática que tuvieron esa última vez que la viste. Ella entró al baño e inhaló cois, después se tragó una nena, le sonríes condescendiente. Total que ella te sigue al baño y se pone detrás de ti para mirar tus ojos mientras te toma de la cintura y se acerca a tu oído izquierdo. Atisba fijamente tus ojos a través del espejo mientras tú miras los tuyos a través del mismo, son de la misma estatura por lo cual no es necesario soslayarte para escuchar los murmullos que salen de sus labios: -¿Qué signo eres? –Soy Aries, ¿por qué la pregunta? -Si te digo te vas a reír; ella baja levemente la mirada mientras tu subes un poco la cabeza y doblas tus ojos a la izquierda para verla de soslayo. –Dime, yo me río de todo, le respondes irónico -Todos los güyes que conozco son Aries, ¿cuándo fue tu cumpleaños? –Hace una semana, y ¿es positivo eso de que todos tus hombres sean Aries?              -¿cuántos cumpliste? –Ejem –Eres mayor por cuatro años, yo creo en las constelaciones y Aries en un signo de fuego que se complementa con un Libra; yo soy Libra y María también. –María ¿qué? Ella sale del lugar dando por terminada su plática, piensas que no estás de humor para salir con alguien cuatro años menor que tú y si eso es diversión, ya te has divertido bastante. Regresas la mirada al espejo.

 

* El didgeridoo o diyiridú (originalmente *[ɟeɟeri’du], en alguna lengua aborigen), es un instrumento de viento (o aerófono) ancestral utilizado por los aborígenes de Australia. Básicamente es un tubo de madera, el cual se hace sonar al hacer vibrar los labios en el interior.

 

 

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