20. Noches de Neón.

Después de 20 relatos, considero que es tiempo de cerrar la primera entrega de estos, algo así como el primer capítulo de estas crónicas noctambulas. Es tiempo de mejorarlas, vendrán más. CY.

 

 

Este relato se divide en cuatro partes:

 

La noche más triste.

Debe ser el calor del atardecer la causa de esa sensación en la piel, como si el aire estuviese lleno de tierra y éste trajera noticias desde latitudes muy lejanas, como si estuvieras a punto de cambiar sin haber sido notificado con treinta días de anticipación, como si ese día fuera el ultimo que dormirás en esa cama y el último que verás ese edificio típico en la ciudad. Has decido moverte y estas feliz con eso, sólo que aún no sabes del todo como harás para estar totalmente seguro. Te diriges hacia el centro de la ciudad y todo te parece dinámico, piensas quedarte ahí por mucho tiempo pero todo depende de un momento efímero. Hay días en los que se amanece muy permisivo y, eso ayuda a estar tranquilo buena parte del día, como cuando al ir caminando por la calle gente que va muy apurada te empuja toscamente para abrirse paso entre la multitud y les sonríes sin molestarte; hoy es un día de esos pero desafortunadamente aquel sentimiento de incomodidad aparece sin ser convocado, producto de una plática desgastante en la cual tuviste que mantener tus convicciones firmes y dar cero entrada a posibles contradicciones y dudas al respecto. Fue de esas conversaciones donde sientes que absorben tu energía, y que finalmente el resultado es positivo, pero no precisamente en el sentido correcto para ti. Sales del lugar dispuesto a olvidar todo, pero esa sensación de desazón en la boca no se irá por al menos esa noche. Los atavíos parecieran quemar tu piel y surgen deseos de arrancarlos, de estar desnudo en la oscura tranquilidad de tu cuarto acompañado de un cigarro, sólo que en estos momentos estás muy lejos de él y lo mejor que puedes hacer es caminar por la inconmensurable ciudad acompañado de un buen mocha, tu ipod y un buen toque de nicotina.

Cansado de dar vueltas regresas a casa, los leves movimientos del transporte bilocan tu mente, piensas en si habrás hecho lo correcto, en qué hubiese pasado si te quedabas, piensas en cuándo llegará el momento correcto de anclar en la ciudad. Puedes ver el reflejo de tu rostro en el vidrio, vas pasando por el aeropuerto y recuerdas la anécdota de Cortés, aquella donde casi muere al tratar de conquistar la ahora ciudad de México, en la que los indígenas mataron a casi todas sus tropas y él escapó de milagro; aquella donde muy tímido se sentó debajo de un árbol a pensar y llorar, aquella que los historiadores decidieron nombrar “la noche triste”.

 

 

 

 

 

 

Un pacto con el Diablo.

No te diste cuenta de cómo o cuándo pasó, el punto es que ya están ahí los dos caminando por las calles más limpias de la ciudad, traen mois de calidad particular patrocinada por unos de los pendejos más dealers de la ciudad y que gustosos fuman como un delicado cigarro. Un señor a lo lejos percibe el aroma y los observa incrédulo, ¿cómo dos jóvenes de apariencia sana están haciendo eso en plena calle y a toda luz?, pareciera que se preguntara el anciano al verlos caminar ahora junto a él. Se dirigen al Emiliano´s y piden cerveza, él quiere clara y tu oscura; la decoración les gusta a ambos. Máscaras de culturas africanas, espejos de todos los tamaños, pequeños ángeles y particularmente una lámpara azul que cuelga del techo. Platican como si fuesen amigos de toda la vida. Generalmente platican de banalidades mas esta vez pareciera que hablan el mismo idioma, te platica de sus planes de ir a Australia, pero pronto corrige y dice que quiere ir a Lisboa, que en esa universidad tienen todo lo que él busca. Le preguntas si habla portugués y responde con un no al momento que clava su mirada en tus ojos, tu amablemente le dices que puedes ayudarlo. Piden la siguiente ronda de bebidas y deciden fumar nuevamente mois, el dueño del lugar ya los ubica, al menos tú eres cliente frecuente, pero aún no tienes la suficiente confianza como para violentar la ley. Recuerdas la anécdota de Daniel al decirte que se sentía extraño al fumar mota en Holanda, donde si es legal hacerlo; ustedes simplemente prenden el toque y fuman tranquilamente… es hora de pedir la cuenta y por el olor es evidente lo que hicieron, pagan su parte y a cambio reciben una mirada desdeñosa, la segunda de ese día. Ahora se dirigen a casa de un desconocido, algún compañero de la preparatoria que les da la bienvenida con un vaso de vino, minutos después alguien saca más mois pero tú ya no crees prudente fumar.  Es como si este amigo fuese un demonio, de esos que te divierten, dice verdades mezcladas con mentira y te mira fijamente a los ojos como si quisiera decirte algo, en el fondo siempre lo han sabido, y saben que esa noche será la última que se verán, después de jugar con un demonio, lo mejor es alejarse de él. Llegas a casa y vacías el estomago hasta no dejar rastro de esa noche.

 

 

 

 

Ella.

Cuando se conocieron ella debió tener dieciocho años, se sentaban a lados opuestos del salón de clases, su mirada estaba apagada y la tuya también, seguramente cosas de adolescentes. Siempre quiso ser novia de Francisco, el novio de tu mejor amiga en aquellos años e hizo todo tipo de cosas para llegar a él. Evidentemente usó su mejor recurso, el cuerpo.

Siempre lo encaminaba a situaciones de las cuales él no podía escapar, y fue la primera vez que se desnudaba frente al sexo opuesto y también fue la primera vez que alguien la penetraba no sólo físicamente, también sentimental. Terminaron la preparatoria y ya no supiste de ella, hasta topártela unos meses después en la universidad, ella aún seguía teniendo relación con Francisco y éste aun tenía relación con tu amiga, así duraron otros meses más hasta que ella conociera nuevos objetivos, mejores objetivos. Su fama precedía todo el tiempo, si querías acostón seguro, sólo había que mandarle un mensaje. Ni ella supo en qué momento comenzó esa dinámica, pero ya era por todos conocida y muy evidente. A veces, sus amigas solo fajaban con sus novios, y ella esperaba paciente fuera del cuarto para terminar la acción; se tomaba su tiempo, calculaba los minutos necesarios para que entonces ella pudiese tocar la puerta y reclamar su participación. Así pasaron meses hasta que se aburrió de esa rutina y decidió iniciar otra, ya los hombres no la satisfacían, se preguntaba si se estaba haciendo frígida o todo lo contrario, una insaciable sexual, pero decidió iniciar relaciones con mujeres. Todos sabíamos de una compañera que hacia jueves lésbicos en su casa, y ella decidió presentarse un día sin más. Terminó besándose con tres tipas y así comenzó una rutina que ella dominaba, sólo que esta vez sería con mujeres. Anduvo con una chica de veinte años, pelirroja y muy bonita, pero ella seguía sintiéndose sola, llamaba a sus ex amantes y ellos fielmente la seguían adorando, particularmente ella era fan de uno, delgado, alto y de estructura perfecta. Ella pensaba que sus cabellos chinos y largos más sus caderas delgadas, eran como las de una mujer, es por eso que ella estaba obsesionada con él, pensaba que se acostaba con una mujer delicada, pero la sensación de su piel gruesa y vello discreto, la hacían sentir ambigua, la hacía sentir como parte de dos cosas al mismo tiempo.

Una noche después de haberse cogido al novio de una amiga en común en el baño de su casa, salió al patio y te abrazó por la espalda, te saludó animosamente y pidió que le convidaras de tu cigarro. Te mira fijamente y ve tus ojos húmedos, ella inhala del cigarro y notas sus ojos húmedos; ambos han hecho algo que cambiará su vida para siempre.

 

 

 

 

Nada personal.

Las luces fluorescentes no te permiten ver más allá de dos metros, la música esta perfecta y piensas que es tiempo de adulterar tu sistema con dosis de alguna sustancia. Uno españoles, lo notas por el acento, se acercan y te piden LSD, los miras desdeñoso y sigues en tu asunto. Este es justo el momento en el que no quieres que te hablen, que no te interrumpan, los beats se hacen uno con tu pulso y algo dentro de ti explota de forma positiva. Fátima y Carmen están junto a ti, cada uno en su viaje individual y de pronto es hora de ir a comer algo. Bajan al centro de la ciudad y comen fast food, un dolor aparece en tu cabeza y tienes deseos de irte, pero lo bueno está apenas por venir.

La ciudad esta húmeda, tenía tiempo que no olisqueabas la tierra mojada ni sentías la brisa del amanecer, tu cuerpo está sumamente cansado y pide reposo, el dolor de cabeza ha mermado y el caminar por las calles antiguas de la ciudad te recuerdan cuando pasabas por ahí sin preocupaciones y con la firme convicción de sólo hacer cosas que te hicieran sentir feliz, y mírate ahí, caminando por los mismos lugares donde muchas veces negaste besos, deseando dar uno.

Regresan al lugar y las luces de neón te transportan a un lugar al cual jamás has estado, miras tus manos y son de color azul eléctrico, un sonido nostálgico rodea la atmósfera y la luna también se torna azul. Recuerdos de noches indescriptibles sacuden tu cabeza y hacen que sonrías, esta será una de ellas, iluminada por el astro más próximo a la tierra, el fiel testigo de todo lo que acontece debajo de él, iluminando todo, haciendo que los entes sublunares luzcan fluorescentes, que todas tus noches sean color azul, que todas las noches sean de neón acompañadas de ese sentimiento que te recuerda que mañana, probablemente todo se torne negro.

 

 

CoLDbuDY  

©Todos los derechos reservados.

Advertisements

About this entry