19. La noche que te conocí.

 

Este relato va dedicado para todas esas personas que han sido parte de aquellas noches indescriptibles; lástima que no todas podrán leerlo, pues a muchas de ellas no las he vuelto a ver….

 

Lucen algo tristes e incluso puedes percibir su cansancio, es como si la posición en la que están echados en el suelo te dijera que no los molestes más pero a su vez que no los vuelvas a olvidar por tanto tiempo. Han sido tus compañeros en tantos sitios que les has tomado especial cariño, pero tal como ellos te lo hacen saber, los olvidaste por mucho tiempo. Son momentos de tomar decisiones importantes y tomar nuevos caminos, es por eso que vas por tus Vans y los rescatas del abandono, qué mejor compañía para apoyarte cuando pises suelos inestables y fangosos, o mejor aún, que estén ahí cuando el suelo sea firme.

Has tratado de recordar la mejor noche en la que hayas estado, pero caes en cuenta que ha habido de todo, aquellas en las que los excesos forman parte del menú, otras en las que el sosiego se vuelve reconfortante y otras donde el sueño te apetece más que cualquier otra cosa. Has tratado de pensar en todas aquellas personas que formaron parte del elenco de cada noche y siempre era diferente y, aun lo sigue siendo. Es interesante el hecho de que justamente es por la noche donde has conocido a la gente más interesante con la que hayas conversado, seguramente en la mañana también una que otra, como cualquier excepción que valide la regla pero generalmente es nocturno tu asunto, lo cual hace cuestionarte si es este mismo patrón el que hace que todo termine en nada.

La luna no puede estar más grande y amarilla, piensas en que estarás haciendo la próxima luna llena y si estarás con alguien viendo ese astro luminoso que te recuerda lo ínfimo que eres en ciertos momentos; frunces el seño y arrancas el coche, es tiempo de ingerir nicotina mientras avanzas por la avenida rápida de la ciudad.

Al parecer las cosas van volviendo a su forma inicial, un amigo vuelve de España, otros amigos siguen a tu lado y muchos más se han ido por inconmensurable vez. Un día aquel te preguntaba qué había de nuevo en la ciudad, y tú le decías que lo único que había cambiado era el número de personas con las que habías tenido sexo, pero eso era de manera superficial, en realidad siempre hubo cambios y hasta ahora has caído en cuenta. De pronto te acuerdas de aquella frase que, no exactamente con estas palabras, pero en esencia decía: “siempre habrá tiempo para todo, tiempo de sembrar y tiempo de cosechar, tiempo de abrazar y tiempo de abstenerse…” entre otras diez comparaciones más, pero que te hicieron pensar que ya era tiempo de partir, ¿de dónde, de quién, cuándo y por qué? eran interrogantes que rondaban tu cabeza en al menos dos lenguas diferentes.

Debió ser pasada la media noche cuando ibas caminando por aquella ciudad que no conocías, era empedrada y las casas eran de colores chillantes, recuerdas una particularmente, porque fue la causante de tu bilocación. Las paredes eran de color mostaza y tenia teja roja, evidentemente era de estilo colonial y los muros estaban casi cubiertos en su totalidad por una lozana buganvilia roja. Tu pearcing comenzó a sentirse caliente y de pronto era ya de tarde, el sol estaba dando sus últimas pero no por eso menos intensas radiaciones y tú estabas algo mareado, oías tu nombre y subes a ese carro, de pronto ya era de noche y supiste porque ese lugar te provocaba cierta nostalgia. Es donde vivía pablo, tu amiguillo de la infancia, se mudo a esa ciudad cuando ambos tenían nueve años y de pronto recordaste que esa fue la primer noche que pernoctaste y la que más habías disfrutado como nunca hasta ese momento. Sigues con la mirada perdida y escuchas “¿estás bien?”, rápidamente te incorporas y reconoces ese rostro, él no reconoce el tuyo y le dices -sí, todo bien. Avanzas por la calle, ha amanecido y tú estuviste parado ahí tres horas, mientras caminas piensas que debió ser esa mois la culpable de la bilocación. 

Ahora entras a la ducha y todo sigue dando vueltas, de milagro no has azotado en el suelo, tratas de no querer sentir esa arcada en el estomago, pero es inevitable, debes vaciar el estomago. Cerrar los ojos implica un desplomamiento seguro sobre el suelo y prefieres esperar hasta estar en cama. Te lavas el pelo fijando la mirada, muchos recuerdos pasan por tus ojos, ya no están más dentro de tu cabeza, puedes sentirlos y si alguien te dijera que recordar es vivir, ya no sabrías que responderle pues no solo estabas recordando, estás viendo frente a ti y sintiendo las mismas emociones tal como si las estuvieses viviendo por segunda vez. Pasa la noche donde casi mueres, aquella donde volviste a nacer, donde te dijeron cuánto te amaban y la de ayer, donde te enterabas lo ciego que estabas.

Cuando sales, jamás se elige como la pasarás o que tanto te aburrirás o divertirás, a cuánta gente conocerás y con cuánta te besarás, si sobrevivirás o morirás. Si es tiempo de quedarse un rato más o tiempo de irse a dormir. Si es mejor pasar un buen rato y después no dar e-mails o números telefónicos; si es mejor cerrar círculos antes de abrir otros o de arrastrar los que ya se tienen y complicarse la vida, de ser infiel consigo mismo y hacer cosas obra de la incoherencia natural, de mala copear o de quedarse quieto en un rincón. Nunca se sabe cómo serán, pero así son mis noches, llenas de incertidumbre y de incoherencia natural; es por eso que en la noche que te conocí, algo en mis adentros me dijo que también te había perdido.

 

 

    CoLdBuDY !…  

©Todos los derechos reservados

Advertisements

About this entry