17. Un buen momento.

De pronto no dan ganas de escribir nada y otras veces hace falta tiempo, no es el momento o peor aún, simplemente no traes tú notebook o una simple libretilla con lápiz. Hay veces que el ruido de la calle resulta obscenamente molesto y otras totalmente acogedor, días nublados que sincronizan con tu ánimo y días soleados que queman la piel. Existen situaciones donde tus amigos resultan ser tus salvadores ya sean en forma de ángeles o demonios sin escrúpulos y,  otras en las que quisieras no haber estado ahí y hubieses preferido tu confortable cama. Esto es ¿incoherencia natural?, probablemente sí, o tal vez es ese momento en el que debes hacer un alto en lo que haces y cuestionar si eso es en verdad lo que necesitas o quieres; es bonito saber que sí lo es, lo nefasto es cuando sientes esa sensación indescriptible que recorre las entrañas y nos indica que no es lo que en realidad queremos y entonces, es tiempo de huir o buscar un buen lugar donde esconderse.

Fumar un cigarro ya no produce placer, las drogas te parecen una fuga cara, idiota y momentánea. El amor es un tema distante, donde la pasión y el sexo ya no son trascendentes. Un estatus donde el trabajo, comprar música, películas y ropa ya son algo cotidiano; donde el compartir una buena canción con algún otro ser humano se ha tornado en utopía irrealizable, en un mundo donde hay utopías asequibles, ¿ironía? No, sólo dios sabe.

 Cuando estás sentado en el área de fumadores de ese café, viendo coches de todos los modelos avanzar lenta y velozmente por la avenida, mirando gente mayormente simétrica caminar y notar que con más de una ya hubieses tenido sexo, e hiláricamente piensas que más de una debe saber lo que piensas puesto que te miran y hacen esa sonrisa torcida que a ti siempre te ha indicado complicidad. Hay que ser genéticamente histérico para saber de estas cosas y también para reconocerlas a tiempo, pues te pierdes de grandes aventuras cuando traes ese sentido desconectado.

Una vez más te has escapado, ya ni supiste cómo pero lo hiciste. Llegas y tratas de sentirte lo menos foráneo posible, sientes la diferencia del clima así como lo ordinario de la gente que de pronto salió del subterráneo pero ni así puedes sacar de tu cabeza tanta información que has recibido, tantas frases e imperativos que has recibido, que lo único que haces es enfocarte en no pasarte de estación. Te sientas en un parque y fumas un cigarro, notas como una señora morena te mira discretamente y te divierte adivinar que se estará imaginado, -espero nada sexual, dices en tus adentros. La tarde cae y vas a un fast food; mientras masticas e ingieres, observas la avenida y el enorme edificio de enfrente, piensas que es algo neoclásico o más bien mestizo; el sol ilumina la cantera y el tezontle dándoles un tono dorado y, dejas de masticar. Ojalá pudieses quedarte más tiempo…

Llega el fin de semana y la vista de la ciudad no puede ser mejor, esperas con ahínco su llegada, la noche, tu noche. Conoces a todo tipo de personajes y ojalá Lorena, Pilar o Flor estuviesen ahí, ojalá tú no estuvieses pensando en éstas pero, ¿cómo no desear compartir esa vista con ellas? En fin, ¿en qué estaba?

Sientes que eres la sombra de alguien, de pronto sientes como tú energía fue absorbida por varias personas, notas el origen de la sensación, pero es muy delicado como para describirlo, cada quien y sus circunstancias. Subes y te diriges a la terraza del lugar, bebes una cerveza y vislumbras entre la noche unos ojos que te ven con ganas de besarte y terminar de una vez con tu energía, caminas hacia allá y le besas con ímpetu, quieres que se lleve todo eso que no necesitas ya. Te pregunta tu nombre y se lo das, te dice el suyo y es irrelevante; la iluminación nocturna ha captado toda tu atención.

Partir e nunca mais voltar, suena bien al ritmo de esa canción, ojalá pudieses volar por encima de aquella cornisa, la vista es mejor.

Algunas personas vinieron por quedar bien, o para conocer nuevas, para pasar un buen rato, para fumar mois o aspirar cois, otras para encontrarse con sus amigos y tu a nada. Das por terminada la noche pero antes de dormir conoces a alguien que hace imposible pernoctar, te provoca platicar y probar sus labios…

Alguna vez pensaste no despertar, quedarte todo el día en cama, pero nunca puedes hacerlo; suena el teléfono, tocan la puerta, el perro ladra, los pájaros cantan, en fin, no puedes suprimir el efecto de la melatonina en tu cuerpo. Hoy es de esos días que nada te pone feliz, ni la música ni algunos párrafos de tu texto favorito, platicar con tus amigos es efímero y llorar es una buena opción. El viento susurra palabras que hoy no entiendes, el día es caluroso y deberías estar haciendo ejercicio, piensas en lo que viene y te da más apatía, piensas en lo que pasó y completas el circulo de negación. Palabras invaden tu cabeza y se rehúsan a salir, ¿en qué momento dejaste de ser interesante para ti mismo, en qué instante ese canal perceptivo que tenías apagado se abrió y pudiste escuchar todo alrededor, cuándo te conectaste con el mundo? –Oh, pobrecito.

Al fin estas en casa pero no te sientes parte de ella, ojalá todo fuese como antes pero, para esto ya no hay vuelta atrás, lo has decido y que o seu Deus iluminé el camino y te quite el ego que tanto te estorba. Vienes de regreso manejando y frenas forzadamente, el concreto esta mojado y hace rechinar las llantas, no te diste cuenta a tiempo que el semáforo marcaba rojo. Un señor se acerca a la ventana y dice –que buenos frenos tienes su auto, es de los antigüitos, pero ni los carros modernos tienen esos. Tu le sonríes son sorna y le dices cualquier estupidez, que él toma como un acto de amabilidad. Por su acento debe ser un centroamericano de paso por la ciudad en dirección al norte, no traes algo para darle y él se conforma con un buen apretón de manos, dice que le has dado un agradable momento con el simple hecho de haberlo escuchado y que se conformaría con que le dieras “esos cinco”, mete la mano por la ventana y estiras la mano. Su apretón es sincero y de interés, el tuyo es algo tímido; ¿cómo sé eso?, créanme sé de eso.

Está atardeciendo y te apetece un cigarrillo, inhalas el primer golpe y unas ganas de saltar te invaden, cierras los ojos y soliloquias que hay cosas que no merecen se contadas y por eso las omites, hay otras que no merecen se escritas sin embargo deben escribirse, otras que deben ser habladas y jamás repetidas, unas cuantas deben ser vividas, vistas y olvidadas pero jamás experimentar por segunda vez; es por eso que cuando decidiste no coger y preferiste simplemente sentir su piel, besar detenidamente sus labios, tocar sus manos y quedar dormidos,  ambos decidieron anacrónicamente pasar, sin pretensiones, un buen momento.

 

CoLdBuDY… !

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