15. El pasajero.

La sensación más pura jamás antes sentida, el instante en que decides que está bien o mal en tu mundo, cuando sabes qué personas debes mantener a tu lado y aquellas a las cuales debes decir adiós para siempre. De ir a esos lugares que siempre quisiste y ver como el sol es tragado por la enorme ciudad. Cansarte de tanto caminar y extrañar a tus amigos, correr en una pista desconocida y conocer ese lugar que te hará llorar. Comenzar una nueva lista y decirle a Lorena que no te odie por alejarte otra vez. Sentir desesperación de querer volver y no poder, de brincar como pendejo cada fin de semana y de maldecir la nefasta calle donde vives; salir solitario por un café caliente y fumar un cigarro acompañado solamente por el sonido del aire. Pero retrocedamos unos meses, más atrás de cuando querías ser salvado del montón, cuando todo esto empezó sin darte cuenta, al lo que aconteció antes de la primer crónica noctambula. ¿Ya se dieron cuenta que el pasado es tema recurrente en estos asuntos?

Una nube de humo sosegó tu ansia, llegó  y una vez dejándote abrumado, se fue. Ahora son buenos amigos. Después, la pasaste mal pero nada que no pueda superarse, ahora, conoces a María y devuelve tu gusto por las cosas, representa todo lo que te gusta y has querido y querrás, qué fuerte, ¿no? ¿Es posible que una persona pueda ser tanto para ti y saber en el fondo que eso jamás se concretará? Estocadas, una tras otra en el estómago, ¿cuántas veces has vomitado…?

Estás un poco molesto y con el ego bastante herido, sabes de tu incapacidad de modificar el destino, quieres ser un Dios y tu ego está fuera de su lugar; deseas por fin quedarte donde estás pero ya sabes que no puedes, sales, conoces y fumas, nada es grato para neutralizar tu desazón, ni siquiera el buen vino que estás bebiendo, la buena música que estás escuchando ni tocando lo que tanto placer te causa. Estás en la disposición de ya no saber nada de María, te alejas de ella y todo va bien. Un día te manda un mensaje y vas tras ella…

Eres como el aire, a veces andas libre por ahí, entras donde puedes y a veces pueden encerrarte, no te pueden tocar, eres pasajero en la en la vida de quien conoces y si te toman de más, corren el riesgo de ser asfixiados. Piensas que en realidad todos son así, sólo que muy pocos lo reconocen.

Las luces te cegaban y casi no podías ver, veías como sus ojos se clavaban en los tuyos, como sus cuerpos cada vez estaban más próximos y cómo te excitaste cuando propuso ir al coche. Estabas bilocado, tenías la sensación de ya haber estado ahí y de querer estar con ella, María, María ¿Por qué es tan difícil olvidar eso que tanto te gusta?… vuelves donde estabas y volteas tratando de buscarla entre la gente, solo ves a tus amigos. Noches después estabas bebiendo néctar y escuchando la música más agradable en ese momento, bebes y bebes hasta ya no ser tú. Sabes que te están besando, tienes esa sensación pero no sabes quién es, te proponen quedarte y sabes cómo terminará la noche y, decides no hacerlo. Todos suben al coche y pensaste en no haber bebido de más, pues ahora pareciera que cada vuelta dentro del auto, fuese como si quisieran que tus intestinos salieran por la boca, llegan al bebedero y bebes de nuevo, te vuelves a besar con alguien y a lo lejos ves a la prima de María, te observa y piensas en ella inmediatamente. Después ves a un prospecto tentativo y quieres ir por él, pero en el fondo aquél recuerdo te lo impide y es hora de conocer como es el suelo, te levantan y es imposible que manejes. En casa del Ton sigues bebiendo y surge tu beoda boca “quiero ser salvado del montón”, algo ha herido tu interior y temes reconocer qué fue.  La invitación para quedarte sigue en pie y tu refutación también por lo que alguien te lleva a casa y, mientras sientes la brisa del amanecer y el molesto canto de aquellas aves de las cuales desconoces el nombre, te das cuenta que eres el pasajero tal como cantaba Iggy Pop, y finalmente te desplomas sobre la cama acompañado de una inconmensurable soledad, sabes que esa es la razón por la cual sales y temes reconocerlo.

Las luces no te permiten ver nuevamente y te pierdes viendo esa jacaranda de hojas moradas, la mois hace que veas más vivas las cosas, tu piel el menos amarilla y luce más sana, tus ojos están más claros y expresivos, ves a Manuel y piensas que son uno, que confusión ¿quién, se supone eres?

Días después, dispuesto a no salir, María te llama y decides salir con ella, sabes cómo terminará la noche y es por eso que sales en busca de su aroma y sus perfectos labios algo torpes para besar pero lo suficientemente dulces para compensar esa incapacidad. Se ha hecho un nuevo tatuaje y estás a punto de tocarlo, alguna vez te dijo que eras una luz con toques de radiación azul y sonreíste irónicamente. Ahora te cuenta como una luz blanca con destellos azules le habla y quiere que cuente su vida. Piensas que debe estar hasta el culo pero aún sí, sus estupideces te parecen entretenidas, brinca como niña inocente y te confiesa que desearía ser virgen, que todas sus experiencias bajo la luna habían sido nefastas y sabes perfectamente que tu nombre va incluido en la lista, tu ego sufre una descompostura y se renueva contestándole que tú has tenido varias noches así y, ella va incluida en la lista. Sin embargo, susurras “-Mas não me arrependo de você…”

Después de aquella guerrilla de egos, te invita a ir a por la última cerveza al coche, sabes lo que esa invitación significa y una descarga de adrenalina es dispersada por todo tu cuerpo, sopesas el pequeño bolsillo del pantalón y compruebas que ahí sigue tu seguridad. La escena te parece familiar, la habías imaginado semanas atrás… ese lugar, justo con ella abrazados y no puedes dejar de sentir su cuerpo frío, ¿es por el frío o porque así debe ser? Le adviertes que no es necesario jugar otra vez a ser indiferentes y cuando menos piensas, sus labios están juntos. La encaminas hacia la más reconfortante oscuridad y te detiene, el miedo recorre su cuerpo y dice que la matarás, que ella ya te hubiese matado y que jamás se iría con un desconocido. La tacha la ha puesto incongruente y es tiempo de sensualidad, tocas sus pechos y sientes sus aretes, muerdes su cuello y le quitas sus jeans. El frio hace que suban al coche y observas sus piernas, son perfectas, mejor de cómo las recordabas, su nuevo tatuaje le cae perfecto y sus labios aprenden a besar los tuyos cada vez mejor; una luz plateada ilumina su silueta, te deslizas hacia abajo y la absorbes como jamás lo habías hecho por alguien, que sensación Meu Deus!

Su cambio anímico te saca de ese placer indescriptible y sabes que el sabor de su sexo no desaparecerá jamás, que su nombre se repetirá una y otra vez en tus pensamientos hasta perder sentido, la inmortalizas en este relato por temor a olvidar aquel momento efímero, se despide con el “gracias” más frío que alguna vez recibirás. Minutos antes, van por la carretera y son los pasajeros de un viaje sin destino cierto bajo el cielo estrellado y una luna que insiste en permanecer inmensa, distante e iluminando sus cuerpos con un tenue destello de azul eléctrico.

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