14. Poquito, casi nada.

Nuevamente ha llegado la hora, el momento del final se acerca y tu piel lo siente, se eriza; disfrutas cada momento, subes y bajas cada que puedes, inhalas el olor del caucho y sientes el calor que producen las calderas. Sabes que ya no volverás un día y que si tú quisieras pudieses quedarte muchos meses más, pero no eres de los que se quedan en el mismo lugar esperando que un día las cosas mejoren. Mañana será un nuevo comienzo, te despertarás, bañarás tu cuerpo con agua fría y peinaras tus cabellos ralos; bajarás las escaleras y desactivarás la alarma del coche, subirás y manejarás a 140 km por hora para llegar exactamente a las ocho y quince de la mañana. Entrarás a la oficina y al cabo de dos horas irás por café tan cargado como tus ganas de emprender algo nuevo. Sentirás la sensación mañanera de un buen trago de café caliente atravesándote la garganta, vislumbrarás tu futuro por aquella enorme ventana por la que pasan los autos a gran velocidad, el chillido del vapor que desprenden las calderas se hará presente y te hará sentir como si estuvieses en la revolución industrial, donde las maquinas a vapor eran la más reciente innovación. Después escucharás personas hablar un idioma que no entiendes, pero has notado que de pronto, sin prestar atención, captas la idea de lo que hablan, una rareza más en tu mundo.

Bajas y te topas con Sylvia, has quedado en ir a su casa más tarde y tal vez al club del cual es socia, su esposo es más reservado y piensas que no eres de su agrado, te cuenta cómo es que ha pasado su fin de semana enferma en cama y lo emocionada que está de volver a La Francia, como ella llama a su país, su español es incipiente y su inglés peor aun. De todos modos el lenguaje no importa, Kinga habla perfectamente español y aun así tienes problemas de comunicación con ella.

A veces sientes como si un cuchillo atravesara trémulo tu cuerpo y llegara a eso que no sabes si existe o no, pero crees que es el alma. Andas con el espíritu cansado y ni una buena dosis de alcohol es suficiente para mejorarlo; un dolor se clava en tu cabeza y hace que tu estomago se devuelva y pierdas el conocimiento por varios días, crees que es bipolaridad, pero es simple migraña.

¿Te ha pasado que después de repetir una palabra muchas veces, pierde el sentido? así te pasa cuando haces una cosa repetidamente, cuando sales mucho, cuando bebes mucho, cuando fumas demasiado y cuando coges con extraños. Es por eso que te renuevas, duermes y sales a lugares que no has ido o a los cuales tienes mucho de no visitar. La noche es reconfortante y el día aún más, pero la tarde te parece nefasta, el sol quemando tu piel y haciendo que transpires toxinas.

Sabes cómo vas a terminar, pero no sabes cómo vas a llegar ahí, ya no piensas en eso, sólo dejas esas cosas al destino, pero haces otras que te orillan más a lo que quieres, como las olas o la corriente, que si te les pones en cierta dirección, te llevan a donde quieras; las manipulas pues.

Es jueves y tiene tiempo que no sales una noche así, inexorablemente fresca. Después de dos horas llegas a tu destino, el aire pasa por todo tu ser y sientes sus sollozos, cierras los ojos para poner más atención, pues sabes que alguien quiere decirte algo y no estás escuchándolo bien, es algo así como “hoy no”, y ya sabes a lo que se refiere…

Vagas con Glor por toda la ciudad, es tan pequeña que puedes recorrer una buena parte caminando. Pasan al Galería pensando que la bienvenida será espectacular, sólo que ustedes no saben que “todos” están en otro lugar muy lejos de ahí.

Regresan un tanto decepcionados al centro de la ciudad e ingresan al Bacardí, de pronto ambos sienten que no pertenecen ahí, aunque el lugar los recibe muy bien y al parecer le has agradado a dos meseros, pero ese “hoy no” retumba en tu cabeza hueca, vacía de todo y llena de dolor. Le cuentas a Glor tu más reciente aventura en aquel lugar y justo cuando describías el momento y la persona, es como si por invocación pagana le hubieses llamado, pues aparece justo frente de ambos como rayo nocturno y tú ríes con sorna. Qué pequeño es este mundo, aquel y tú actúan como si no se conocieran e inhalas tabaco, tal como la sensación de aquella noche que se conocieron, efímera, que entró por tu boca y salió por el mismo lugar.

En seis meses las cosas cambian, todo cambia de un segundo a otro y ese pensamiento que viene a ti de vez en cuando y el cual es culpable de hacerte vivir cosas que no tenias pensado algún día hacer, repites en tus adentros “me voy a morir un día”. Son palabras que te resultan bocanada fría, que por más intento de no pensar en el fin, sabes que todo sí tiene un fin. Cierras los ojos y duermes, crees que con tranquilidad, pero las pesadillas se han robado tu sueño, oh merda!

Tienes dos opciones, quedarte y sentirte frustrado esperando que las cosas mejoren o salir y tratar de hacer lo que has planeado llevar a cabo, aun sabiendo que esta vez no podrás controlar la corriente y es posible que el mar te escupa, pero sólo puedes pensar en lo bien que has hecho esto y no tiene porque fallar lo que con tanto tiempo has pensado hacer, ¿qué acaso no estás listo aún? ¿acaso todo lo que has pasado no era un tipo de preparación para lo que viene? ¿acaso de verdad todo es mierda?… quién sabe y qué importa ya, es momento de bailar, gritar y hacer, es tiempo de todo, excepto de pensar y escapar; has pasado veintidós años haciendo eso.

Nuevamente ha oscurecido y la melatonina en tu cuerpo ha empezado a trabajar, es hora de descansar en paz no sin antes recordar una cena que tuviste varios días atrás, justo en el momento que preguntaban quién quería merendar, alguien respondió “sírveme un poco, casi nada” y terminó repitiendo plato. Lo cual te hizo pensar que al decir esa frase, en realidad o muy inconscientemente en el fondo, siempre queremos más.

CoLdBuDY

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