13. Hacia el Oeste.

Algo pasó y ni te diste cuenta, unos lo dicen de frente y a otros simplemente les intuyes la mirada, en realidad no sabes que es, pero es un cambio perceptible para los que te rodean…

Siempre has tenido la impresión de que vas al Oeste, y tu quieres ir al Este, es como si el destino o en lo que creas, te tomara, bueno te jalara a un lugar al cual no quieres estar, él mismo te hace sentir solo y luego feliz, otras más indiferente y últimamente desolado. Ya no sabes que sentir y mucho menos que pensar, preguntas como ¿Qué harás? ¿qué sigue? ¿hacia dónde te lleva todo eso?…. ya no sabes que contestar, solo fijas la mirada hacia cualquier punto tratando de no pensar, pensar es lo que ya no quieres hacer. Quieres sentir, ya no más fantasías, quieres sentir esa piel suave y blanca con la que siempre has soñado, ver ese paisaje nocturno que apareció en tus sueños meses atrás, conocer a quien hizo que el sueño de andar por la noche, se hiciera realidad.

Ese día te despertaste tarde y perdiste nuevamente tu amuleto, el pearcing, caray, cinco años en ti y lo tiraste como basura, en fin, comprarás otro. La despedida de Judith ha llegado y te dice lo mucho que le gusta cómo te vistes, ni a su francés le dice eso. Tú quieres ir al Este y ellos insisten en ir al West, no puedes contra diez. Te cortas el pelo y te atavías para la ocasión, en realidad no, sólo usas lo de siempre. Hace aire, tiene tiempo que no pasaba eso en la ciudad, una noche airosa, tal vez es señal del viento del Este que te atraviesa despeinándote, para recordar que aun hay posibilidades de llegar a él, sólo debes dejarte llevar.

Enciendes un mentolado y bajas la ventanilla del coche, subes el volumen de la música y el cigarro se termina antes de lo acordado, el aire ayudó a consumirlo, pronto dejarás de fumar. La avenida luce espectacular, hay un nuevo bar en esa esquina al cual no has ido, tienes ganas pero ahí tienes que ir con… aún sigues pensando con quién; estacionas torpemente el auto pues vas tarde. El precio por el estacionamiento se te hace ridículamente caro y lo pones donde sabes que no pasará nada, ¿qué acaso no conoces tu ciudad?, piensas irónico.  Atraviesas la calle y en el super de la esquina ves salir un chevy azul, es Jorge; te pita y baja el vidrio. ¿Qué hace ahí, o cómo es que se han topado?, no sabes y no importa; subes a su auto y te saluda con un apretón de manos, dice que irá con otro cuate y sin preguntarle dice “me acabo de coger a una morra en mi rancho”, observas su aspecto detenidamente y, efectivamente, acaba de cogerse a una morra. Relata como la joven no estaba guapa, todo lo contrario, “gordita, pero la sabia mover”, dice orgulloso; ríes, ríes y sólo puedes seguir riendo o, ¿qué se dice en esos casos?. Te lleva a la entrada del West,  así se llama a donde te diriges y, sin pensarlo, no has caminado nada para llegar a él. Jorge huele su mano aún excitado por lo que había hecho minutos atrás y se dice a sí mismo “aún huele a pucha”, frunces el ceño y recuerdas que lo has saludado de mano, mierda, has tocado indirectamente la pucha de aquella gorda que la sabe mover; soslayas la cabeza y dice que se va, estira la mano para despedirse y capta que no le darás el apretón como hace unos momentos, te acuerdas de algo que hiciste la semana pasada y juntan sus puños es señal de adiós. Observas como el chevy  se pierde entre la calle e ingresas al Oeste.

El café se enfría  y el cigarro se va consumiendo lentamente, este nuevo café en la ciudad es el único lugar donde sientes no estar en esta pringosa ciudad, recuerdos de Santiago de Chile y de la capital de este país adornan la atmosfera del lugar, especialmente de área de fumadores; hace tiempo que no disfrutabas una conversación perfecta en un lugar perfecto. Ya el pasado no importa y el futuro es la suma de aquel más el presente, el problema radica cuando a uno le dan ganas de modificar la fórmula.

Después vas a otro lugar que está a dos cuadras del lugar, caminas pero el aire penetra tu ropa y te felicitas por traer esa scarf que te cubre del viento. Piensas en la forma en que has salido del oeste, debiste haber saludado a todos de beso y despedirte de la misma forma pero ¿para qué?. Antes, vas rápidamente al baño y te topas con Eugenio, ese compañero tuyo de secundaria que hacía divertidas las clases de español con su ignorancia total; te dice lo bien que le ha ido hasta este momento en la vida y que ese lugar está de flojera, que estaba mejor ese lugar en el centro al cual has ido tantas veces que prefieres jamás regresar; se despiden fríamente y tu sales del lugar de la misma forma.

Llegas al lugar número dos de tu noche y te dan acceso inmediato, te encuentras al francés que hace tiempo no veías, te desea feliz año y le haces los mismos honores, te da la impresión que siempre ha querido decirte algo. Aquella vez que lo viste en otra ciudad y el viernes pasado que te lo topaste en otro bar y, ahora, que lo tienes de frente, no es capaz de articular otra cosa que, “feliz año nuevo” acompañado de un abrazo áspero; le sonríes y dices “voy a buscar a mis amigas” y responde con un alegre “si, si”. Extrañabas entrar a un lugar y conocer a la mayoría de ahí,  luego, te abres paso entre la multitud y te das cuenta que ahí dentro hay mas amigos, Mario, beodo como de costumbre y las gemelas, que te hacen la vida más llevadera. Brincas y gritas, detectas como aquellas dos mujeres te ven con sorpresa, las ves fijamente y levantas la cabeza; les dices, ¿hay algún problema?… Son Manish que en realidad se llama Verónica, y Diana, compañeras del pasado, cuando trabajabas en la adolescencia para pasar el verano, te dicen lo bien que te ves y lo sorprendidas del cambio; entre dientes Manish le dice a Diana, “ya ves, te dije que se había puesto bien chido”, les sonríes y les das un beso conmovedor en la mejilla. Pasa tu antiguo conocido, encargado de traer las bandas del momento a esa ciudad pringosa y dice “echando baile…”  ya no sabes quién eres, Rodrigo, Rich, Colbudy ¿quién?

Sales del lugar nuevamente desconcertado y, frente está Vick, que si no te conocen, pensarían que es tu primo o algún familiar, son muy parecidos. Te pregunta “¿A dónde vas?” y tu respondes “a la verga”, ¿sí, tan temprano? Dice son sorna; sales del lugar.

Una semana después, quedas con Edgar para salir por tragos, todo va bien hasta que le propones ir a escuchar el último concierto de tu amigo que se larga a España. Llegan al lugar y por tercera vez, dejas las llaves dentro del auto. Que pendejo, no le pasa a nadie, más que a un distraído como tú. Sales de la situación lo más acertadamente posible y piensas nuevamente en el final perfecto, en tu final perfecto…

La noche no es fría ni rebelde, simplemente común típicamente sin frio ni calor, equis dicen algunos. Has bebido más de diez cervezas y el suelo comienza a moverse y mejor disfrutas el buen trance que Daniel toca, piensas en las veces que has tenido el privilegio de escuchar sus sets en privado y tristeza pensar que ya no podrán repetirse pues él se va y tú te quedas. La frustración recorre tu cuerpo pero rápidamente se dispersa; su novia te dice lo bueno que fue el conocerte y sabes que es la última vez que se verán en mucho tiempo.

Minutos atrás Iván, otro noctambulo te pregunta si eres puto y le respondes ¿eso que te importa? Y deseas que no hubiese cuestionado semejante pendejada, como también es amigo del que se va a España, trata de hacer la situación más incomoda… desde cuando la gente le pregunta al cielo por qué es azul o al mar por qué hace ruido… Te sientes más sólo que nunca  y te despides del amigo que huye a tierras Europeas con: “no prometo estar aquí cuando regreses, pero si te sientes sólo aun estando rodeado de gente, lee el libro y regrésamelo lleno de postales”… se estrechan la mano y te vas sin mirar atrás, presientes que es la última vez que lo verás y le agradeces el haberlo conocido. Sales del lugar y deben ser casi las tres de la madrugada, Edgar te dice que Iván lo llevará a su casa y captas que a fin de cuentas, piensa como él, cruzas la acera y aquel te grita desde el otro lado de la avenida “tus tenis le han ganado a los míos” y te pregunta ¿estamos en contacto? Tu respondes con un “yo siempre estoy aquí”. Sabes que no volverás a verlos y pasan por tu mente todas esas personas que has conocido y que ojalá no se hubiesen ido de ella. Abordas el auto y la estocada en el estómago acompañada de sollozos aparece sin ser convocada, ya puedes dejarlos ir.

CoLdBuDY

 

 

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