12. Cuando eras joven.

Dinero, es lo que piensas cuando alguien te dice que la fe mueve montañas, es el dinero; y entonces te das cuenta que estás divagando una vez más y lo terminas de comprobar al pensar que estar solo es como andar enamorado. Extrañabas la sensación de entrar a un lugar y conocer al menos a un par de personas, de llegar a casa casi al amanecer y manejar sobre la avenida totalmente despejada, sin temor al que el transporte público te deje a media noche en alguna parte de aquella ciudad enorme y sin nadie a quien recurrir.

Es sábado y es tiempo de salir, ves una película de la cual no tenías expectativas y para tu suerte termino agradándote y te hizo recordar cuando eras joven, bueno aun más joven. Pasaste la tarde muy tranquilo, tenias tiempo de no sentir esas sensación en el cuerpo, la de no necesitar a nadie. Te ha pasado que despiertas temprano y, sientes una estocada en el estomago al pensar en por qué no sales con alguien o por el haber desaprovechado una oportunidad de coger, muchas sensaciones que has aprendido a ponerles nombre y que con el tiempo las controlas. La película tuvo esos finales que te agradan, –¿Cómo están las cosas por allá? Acá todo bien, dice el personaje como ultimo dialogo. Sales del cine y caminas por la calle, observas que te observan y te das cuenta que no eres nada para quien está sentado junto a ti, la sensación de final no aparece en ningún momento y así está bien, es hora de volver al pasado, de donde viniste. Caminas por la ciudad y piensas “Tienes labios de saber besar”…

Has quedado con Yessica y Zelene en un café en una zona agradable de tu ciudad, las ves esporádicamente pero jamás platican cosas relevantes y es hora de ponerse al corriente. Ambas fueron las responsables de cómo eres ahora, a los 17 años ya se habían tirado al menos a cinco hombres y ahora, a sus 23 pareciera que si record ha permanecido igual. El nombre de Zelene te recuerda a otra Selene con “s”, a ese beso excelente, estaba atardeciendo y ambos beodos, el campo lucia verde y a lo lejos una carretera, el aroma de ese árbol del que jamás supiste su nombre, tiempos anhelados. Tuvo que pasar casi un año y una plática con aquellas para que te dieras cuenta que cosas pasadas te definieron, lo mejor está venir y es tiempo de avanzar sin desesperarse. Son las típicas provincianas que se arrepienten de lo putas que fueron y quieren que hagas lo mismo, si apenas es el inicio. Te dan un hint frescura y lo aprovechas pues sabes que en un buen tiempo no sabrás de ellas. Saludan a cuanto conocido estaba en el café y se retiran, ellas arrepentidas de haber hecho lo que hicieron y tu pensando en lo pendejas que han de estar si piensan que tu pensaste que se habían retirado del mercado, en el fondo las aprecias demasiado.

Daniel ya se va y seguramente no se verán en mucho tiempo, estará a un océano de distancia. Por eso llevas una botella de vino tinto y él dice –¿a treinta el litro? Como no hay sacacorchos, van al restaurante de la esquina y ellos se encargan de la contingencia. De regreso a su casa, comienza el set, la música hace que los vidrios vibren y es hora de volar. Cierras los ojos y empiezas a buscar sensaciones, la de “estocada en la panza con ganas de llorar” no aparece en toda la noche, gracias.

Deben ser las 12:15 am y piensas que es muy pronto para llegar a casa, llega Eugenia y los tres van a cenar, llegan a un lugar que al parecer ya habías estado anteriormente y la bilocación te lleva a esos tacos que también están debajo de un puente, pero en una ciudad más grande, de los cuales no ingeriste ninguno. Pides un hot dog y torta de milanesa, -¿Qué no comías carne?, mierda tengo hambre, piensas.  Piensas que es hora de dejar a los novios con sus menesteres y te diriges a continuar tu noche, tienes ganas liberarte y estar en casa lo impide. Te ves con Lorena en un bar del centro y bebes más y más, esta noche si tienes automóvil, no deberías hacerlo pero…

Ahora se van al antro de la ciudad y notas que extrañabas ver a todos con esas camisas de marca famosa y te alegras de no tener una, volteas a ver tus tenis nuevos y les dicen que no pueden ingresar con bebidas, al cabo de un minuto los dejan ingresar bebida en mano. Son tres y algo de la madrugada, y ves el tatuaje perfecto, una estrella roja y dos azules más pequeñas en el brazo de alguien que te gustó, no recuerdas la cara, solo el tatuaje. Pensaste: desde aquí te ves radiante, tal vez ya me viste y no quieres ser descubierta, por más que resisto al verte, no puedo evitar hacerlo. Piel perfecta, perfil perfecto, ceja poblada, voz perfecta que canta estúpidas canciones, tienes los cabellos desalineados y mejor ya no sigo porque como de costumbre te vas a ir y yo solo me quedaré con el recuerdo. Piensas como un adolescente idiota, al menos lo reconoces.

Pasan a otro bar, donde afortunadamente conocen al personal, amanece. Observas fijamente el edificio de junto y piensas que es una vista perfecta, ojalá tu cámara no se haya quedado sin batería, afortunadamente el alcohol en tu cuerpo se ha destilado y puedes ir seguro a casa, extrañarás esas noches. Le dices a Lorena que es de las cinco cosas que extrañas de esa ciudad cuando no estás en ella y Abraham confirma tu historia, su novia es de tus mejores amigas y todos se alejan esperando que el amanecer borre esa noche de sus mentes.

Ayer, no traías auto y lo extrañaste mucho, echabas de menos manejar por las avenidas de la ciudad encendiendo un cigarro y gritando a ronca voz “solo”, anacrónicamente con la canción de Zoe del mismo nombre. Conoces a muchas personas y la mayoría de ellas las has elegido tu, y ya no taste que con casi nadie habías hecho, dicho y vivido aventuras inefables. Por eso haces esto, para tener respaldo cuando el karma venga a cobrar la cuenta.

Ojalá todo fuera como en la secundaria, donde se jura amistad eterna y el sexo no es relevante ni trastornarte, usar frenos y tener acné, mentir inocentemente, jugar videojuegos hasta tarde, no hacer tarea y rayar las bancas, ser un idiota y no ser juzgado, escupir en los puentes y ver porno por primera vez. Sentir que los padres se divorcien y que tus hermanos se vayan de casa, quedarte solo en tu cuarto y salir únicamente para ir a la escuela y en ocasiones a actividades extra, escribir cartas a mano y ver a tu amigo de infancia mudarse a la ciudad más grande del país. Irónicamente esas sensaciones se repiten y ahora, sólo que con diferente ambiente.

Ayer, al dar por terminada la noche, haces la parada a un taxi, hacía tiempo que no abordabas uno y te sorprende que la cuota continua siendo la misma, y también que aun no se te quita la maña de hacer platica al conductor. Te dice que viene de un servicio en una de las colonias más exclusivas de la ciudad y notas lo asombrado que está, te habla como si fueses un niño y te relata cómo era él de joven. Te gusta hacer eso, pues sabes que jamás los volverás a ver y ellos se olvidarán de dónde vives, lo bonito es hacer el trayecto menos tedioso. Después cuenta que los videojuegos le encantan y te trata como si no hubieses salido de esta pringosa ciudad o como si jamás hubieses visto casas enormes. –De ricos ricos, dice él. Luego dice lo bonita de la gente que vive en esas casas, su piel como si no tuvieran roce con el ambiente y tratas de consolarlo diciéndole que esas personas no son de origen Mexicano, pues tu sabes eso. Te ve por el retrovisor y frunce el ceño como si pensara algo. Te cobra 35 pesos y antes de bajar dice: -Tú eres de origen árabe y español, mezclado con indígena. Le respondes, ¿que no todos lo somos?, piensas en tu apellido y entras riendo a casa. Por la ventana se ve el cielo azul eléctrico y el mois que fumaste hace que el comentario del taxista se haya tornado más divertido; justo como cuando no era necesario fumar o ingerir algo para divertirse.

CoLdBuDY

 

 

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