8. Cosas mías.

 

Noche más oscura. Casa iluminada. Tacones Rojos. Momento incómodo. El sueño. Beso sabor Tupsi pop.

Evidentemente la noches son oscuras, pero no sé, en especial hay unas en la cuales ni la luz del alumbrado público pueden iluminar, son totalmente lúgubres, y no es precisamente que sean noches tristes, son simplemente noches más oscuras.

Vas conduciendo tu auto por las calles de la ciudad, avanzas rápidamente pues hoy no estás de humor para ir lento, y pasas por la enorme casa que cada año atavía su estructura con luz, ilumina casi toda la cuadra y hace un espectáculo luminoso agradable a la vista, todo con propósito de las vísperas navideñas y le dedicas estas palabras que te salieron el año pasado al pasar por el mismo lugar:

Ya no quiero escribir, deseo romper esta pluma que insiste en seguir moviéndose, pero mejor no lo pienso, capaz que el destino me lo cumple.

Ahora mismo estoy estudiando, pero mi mente insiste en ir a otro lugar…

Tantas cosas que leer, hay tanto que debo aprender, sin embargo hoy no me importa; tal vez repruebe el examen o tal vez lo apruebe, puede ser que mañana en el momento de presentarlo, mi mente se bloqueé o se aclare, no sé, no me importa.

Hoy, en esta  noche, suena al fondo una canción que evoca totalmente a la nostalgia, a la vida. Ahora un perro pasa y se sienta lado mío, se rasca el cuello con su pata trasera, viéndome con sorna. Acuden a mi mente imágenes del cielo, de lo efímero, un pensamiento que revolotea en mi mente, -con humildad-, me dice esa voz que no se cansa de acosarme. Nada es para siempre.

Si no apruebo ese examen, sería como si hubiera perdido tiempo, me sentiré idiota, pero soy demasiado optimista, lo aprobaré.

Ya se acercan las fiestas de fin de año y las casas empiezan a llenarse con fornituras y pertrechos, recuerdo especialmente aquella sobre la cual hay toda una escena de epifanía y, a lado un Santa Claus que sostiene un lazo y guía a los venados hacia el cielo. Pienso que en ese hogar viven cuatro personas y que no se llevan muy bien. Creo que engalanan  así su casa porque en realidad son disfuncionales y están vacios por dentro, pero supongo que son ideas mías, ya que así me pasa cuando más objetos adornan mi atavío y, he llegado a creer que es regla universal.

 

Te das cuenta de que ya no debes buscar luz, nadie puede iluminar la vida de otra persona, y la verdad que molicie estar esperando esa luz, por eso en cuanto puedes sales a ver si la encuentras.

No sabes cómo terminaste aceptando ver a María, pero ya estás ahí, tomando un trago con ella en tu lugar favorito, quisiste verla ahí para sentirte al menos cómodo o en un lugar que dominas. Platican y te das cuenta que sigue igual, te recuerda como era tu comportamiento años atrás, ya lo menos que quieres hacer, es volver. Hace un comentario sobre tus atavíos, es totalmente crudo y verdadero, pero la forma en que lo expresó, pudo haberte molestado, sin embargo ella no volverá a inquietarte como antes, pues ya ha pasado algún tiempo desde que la dejaste atrás. En esos momentos, ya notaste que cuando la ves, fija su mirada hacia otro lado,  ya no puede ver tus ojos, sorbes tu trago y fumas, esperando terminar la noche tan a gusto como hasta ahora.

Se dirigen a una fiesta de esas locales, en el terreno de alguien y de disfraces, la forma en que te trata es totalmente nueva, jamás había sido así de atenta contigo, pinche loca, se supone que el estulto en esa relación eras tú.  Antes, hacen parada en casa su amigo, que al verte por primera vez notas como te observa de arriba hacia abajo con tan disimulo que apenas y lo notaste. La casa es pequeña pero cómoda, subes las escaleras, María va adelante y tú la sigues. Ella empieza a maquillarse y sus amigos también, te recargas en la pared buscando respaldo pues hay algo en el ambiente que te hace sentir incómodo, comienzas a desear estar con tus amigos y no con ella alistándote para una tonta fiesta. Notas como su primo te filtrea y María no dice nada, tu bastante molesto quieres salir del lugar pero algo te ha clavado al suelo, el querer estar con ella por última vez.

Te pones un pantalón horrible, que no sabes si fue un favor que te hicieron al prestártelo o un acto de apatía, y deseas quemarlo en cuanto toca tu piel, llegan al lugar y te lo quitas tan pronto como puedes y, es momento de la hora bizarra…

El terreno es amplio, lo suficiente para que respires el aire de la fresca madrugada, exhalas y observas el vaho que sale de ti, te divierte pensar que es  el alma que quiere salir a pasear, por eso cuando lo haces más de una vez y ríes, María te ve intrigada y tu sólo piensas, cosas mías. Sus amigos te encuentran parecido con el hermano de un conocido de ellos y te lo hacen saber, supones que es un acto de amabilidad, para que te sientas cómodo con ellos.

No puedes dejar de admirar a Sam, una persona delgada, demasiado amable y noble, te pregunta a cada momento: -¿todo bien?, supones que ha notado el disgusto que te ha causado ver a María alejarse de ti cada vez que puede, te platica de música y su compañía llena de sosiego esa incómoda situación. No ubicas el tema de su disfraz, pero sus tacones rojos son lo mejor de su outfit, momentos atrás, en su casa, te explicaba cómo los había comprado y lo complicado que fue encontrar su talla, el cómo le lastiman sus pies, pero aún si los usa, qué un travesti se ofreció a maquillarlo y que además le regaló las pestañas postizas que está usando. De verdad que no puedes sentir más que un gran afecto por él, aunque lleves tres horas de conocerle. Supones que María nota lo bien que le has caído a su querido amigo e inmediatamente se acerca a ti para matar  el momento susurrándote “le gustaste a Sam”, hija de puta.

La noche no pudo haberse tornado más incómoda, ella pretendiendo conocer más personas y tú huyendo de ella. Casualmente a esa fiesta llegan muchos conocidos tuyos, por lo que no estar en esa situación se te facilita mas y desapareces de la escena por al menos una hora o más. Ves pasar a María tantas veces, que comienzas a pensar que te esta localizando, pues en cuanto te ve, vuelve a desaparecer. Así continúan toda la madrugada y sólo puedes pensar en lo bien que fue haber terminado con ella.

Te alejas de la música y de las personas, te acercas a la salida y enciendes un cigarrillo. Cada que inhalas, cierras lo ojos e imaginas la cita perfecta, la persona perfecta, el disfraz perfecto, sólo que tu no necesitas uno, con lo falso que eres a veces te es suficiente, así que, ¿para qué pintarte la cara como María?. En fin, estás ahí parado, solo y pensando puras estupideces cuando otro amigo de ella se acerca e interrumpe tu momento Yo-Cigarro para contarte el cómo conoció a María, que alguna vez fueron novios y que si yo quería andar con ella, pobre, ni se entero que ella y yo fuimos novios. Nunca supiste si fue la droga o el alcohol o ambas, pero lo que paso después fue muy extraño. Cuando trato de abrazarte y te invitó a sentarse a la parte más oscura del lugar, seguido de un apretón en tus nalgas. Huyes más rápido que en putiza preguntándote el por qué de tal acontecimiento, pues al parecer sus amigos han visto en ti algo que ni tu habías visto. Tienes ganas de golpear a María.

Más molesto no podías estar y más aun cuando le cuentas furioso lo sucedido a María, solo te dijo “así es a veces, está loco”.  Te volteas sin hacer comentario sobre esa respuesta, te diriges a la salida, piensas dejarla ahí, pero justo pasa Claudia, no la habías visto en toda la noche, está bajo el efecto del éxtasis y te hace un pequeño reclamo por un acontecimiento del pasado, le dices que no tiene importancia, te preocupas por ella y finalmente se aleja. Te topas con María y te toma de la mano, te jala hacia donde están todos y nuevamente se va. Notas como intercambia números telefónicos con un desconocido y recuerdas que justamente así la conociste, pero de una manera  y un lugar más interesante, no es una fiestesucha.

 

 Una semana después……

Estás en la terraza de un nuevo bar, le platicas a Lorena lo sucedido esa noche, ya que ella se fue muy temprano aquel día. Le dices que María soñó contigo, te lo dijo en un mail, decía que tu ibas caminado por la calle y que ella te veía a lo lejos, que no te saludaba puesto que era mucha distancia para gritar tu nombre, y que la escena transcurría en un fondo gris sobre azul. Y al momento de despedirse no te llamaba por tu nombre, sino “nebulosa visión grisácea con toques de radiación azul”. Ambos ríen con sorna,  y tú te detienes hasta que el recuerdo de su cara se diluye en tu mente. 

Y de vuelta a aquella noche…

Todos fastidiados, tu de ella, ella de ti, tu de sus amigos y ellos de ti, salen del lugar y el camino a casa de María se turna insoportable, sus amigos van descendiendo del auto uno a uno, hasta quedar María y tu, ambos frente a su casa, se observan por última vez, esperas ansioso el último beso, por ese momento por el cual no la abandonaste toda la noche, por besarla… 

 Sabes que jamás la volverás a ver, vienen a tu mente imágenes de lo bien que la has pasado, de esas situaciones  que te han hecho llegar donde estás, de aquellos nefastos momentos en los que has salido huyendo. Te gusta lo que sientes por ella en ese momento, sabes que la sensación que han dejado sus besos será efímera, y aun así sigues, esperando ansioso un impulso de sangre en tu sexualidad, pero jamás llega.  Sus besos saben a tu golosina favorita, pues minutos atrás venia degustando una paleta de caramelo muy dulce, te gusta lo dulce, le puso sabor al momento. Al menos sus besos saben a algo. Conoces  y eso te molesta, desearías luego no saber tanto ciertas cosas, vivir en la oscuridad, sofocar la luz de realidad pero eso es imposible. El efecto de sus besos ha pasado, tal como lo habías planeado, el sabor a tupsi pop sigue ahí, sabes que aunque fue un momento efímero, la sensación que ha dejado jamás desaparecerá. Mierda…

CoLdBuDY

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