2. El arte de ser Malo

¿Te has sentido solo?, me refiero a cuando aún estando con personas alrededor tuyo experimentas esa desazón muy dentro de ti, se siente como… no creo que no pueda describir ese oscuro sentimiento. Es mejor dicho, como saber que extrañarás en dónde estás sentado, ahí dónde vas a tomar el café todos los domingos, dónde te encanta sentarte a mirar cómo la gente pasa mientras fumas un cigarro, dónde conociste a la persona que se encargó de perturbar varios días y noches de tu vida, ¿es nostalgia?, no creo, es pura adrenalina o estoy empezado a creer que es miedo y, no me refiero a cuando ves una película de ese género, sino al miedo en persona.

De repente la maleta se llena de cosas, ¿regresarás? ¿te reconocerán al volver? ¿te importa a caso? Preguntas como esas giran en tu cabeza, y hacen que dejes de percibir la música que reproducen los speakers y de pronto viene a tu cabeza lo que te dijo Helena, -extrañé a mis amigos, pero sobreviví y, eso hace que regreses de ese trance en el que estabas y ríes nerviosamente para al final dejarte caer sobre la cama y des vueltas entre las cobijas, las olisqueas pues sabes que pasará mucho tiempo para que lo vuelvas a hacer, recorres las paredes con la mirada, ves fijamente tu librero, lo que consideras tu herencia y de mayor valor (aparte de tu Ipod), tal vez eso si lo extrañarás. Vislumbras el vinil que le pensabas regalar al Daniel, el cual advierte que no se puede pasar pues hay un Dj mezclando, pero tal vez lo veas antes de irte, o tal vez a tu regreso, quien sabe, de todos modos pensabas mandarle una nota.

Te levantas de la cama, tus sentidos están distorsionados, los sientes como electricidad, quieres que alguien te toque para que le descargues toda esa energía acumulada pero es como si los astros que antes estaban a tu favor, ahora conspiraran para alejarte de todo, para hacerte a un lado de tajo, para apartarte de todo lo que bien conoces y te empujaran a lo desconocido, lo cual más allá de molestarte simplemente te fastidia, pero puedes lidiar con eso.

El estómago te pide que lo llenes de comida, ¿le harás caso? casi nunca lo haces, dejarás que te pida más, le harás entender que comerás cuando tú tengas ganas no cuando él quiera. Mientras, te ocupas tratando de conversar con tus amigos, pero pareciera que no quieren platicar más contigo, como si captaran tus pensamientos, mierda, si te importa después de todo.

Los días pasados fueron puras vicisitudes, entre llamadas, viajes rápidos, encuentros con otras personas que ya tiempo no veías, todo. Como si te estuvieran previniendo de algo venidero, pero ya, es tiempo de dejar los recuerdos a un lado y es hora de salir a vivir. Te vistes lo más rápido posible, y te diriges al inlak etch, de tus sitios favoritos.

El fin de semana tenías como una cita, ríes al decir eso pues no sabes cómo llamar a ciertos compromisos a los que jamás has asistido, el punto es que resulto ser sólo una utopía, pues no pasó nada, tal como habías previsto, por lo que al escuchar la cancelación del plan sólo suspiraste profundamente, pensado en lo ridículo que te hubieras visto en esa situación. Aunque como de costumbre, te hubiera gustado experimentarla.

La música en el lugar no puede ser mejor, la Dj pareciera que se esmerara demasiado en que la mezcla le saliera perfecta, lo cual le agradeces con un ea estridente. Sientes los beats, ya has escrito antes de esa sensación pero esta vez viene a tu mente aquella imagen de Sara desvistiéndose frente tuya, al ritmo del sonido que desprendía el violín que con tanto ahínco tañías, recuerdas sus hermosos ojos cafés mirarte con sosiego, mientras lentamente se desprendía de sus atavíos, y de cómo al terminar la pieza se fue sin decir más. Las veces que la viste posterior al suceso, no se mencionó nada, tú por desconcierto y ella no sé. Tienes ganas de sentir esa libertad y confianza que sintió en ti aquel día, quieres estar frente a esa persona que te haga sentir suyo, que te controle con su música, que te hipnotice y mareé haciéndote realizar actividades fuera de lo común, como quitarte la ropa sin más.  Giras la cabeza esperando que los nervios y el recuerdo se alejen de tu cabeza, pues de pronto sientes esa sensación de vómito en tu tráquea, de contracción en tu estómago, quieres salir….

Tus amigos están disfrutando la noche al máximo, si hubiera sido cualquier otro día tu estarías haciendo lo mismo, pero esta noche es diferente, para ti la música lastima tus oídos, los beats ya no son reconfortantes, hacen que tu corazón quiera salirse de su lugar, de que tus ojos se dilaten y se revienten, de que tu piel se rasgue por culpa de la tipa que acaba de rozar tu brazo, de golpearla por decirte –amigo no te duermas,  cuando estás tratando de no azotar en el piso; ves a tu amiga a los ojos, empujas a todo el que se te pone en frente, te diriges al baño y está lleno de gente queriendo entrar, la música suena más fuerte, te falta el aire, no puedes respirar. Como puedes te abres paso para salir de la multitud, por fin vislumbras la salida y miras como más de una docena de personas quieren ingresar al lugar y de cómo te ven con odio por querer salir de un lugar al cual ellos quieren entrar.

Sales del lugar y te detienes en la banqueta, admiras la tranquilidad de la calle y quieres ser uno con ella, quieres ser parte de la arquitectura, quieres ser ese árbol que tan sosegado te ve pero crees que es demasiada tranquilidad para ti. Una tos inoportuna te ataca de la nada y comienza a molestar tu garganta y te hace toser hasta sangrar,  hace desprender de tus ojos gotas salinas, el estomago te duele, presionas tu abdomen rogando que pare, gimes en señal de ayuda, pero ya no estás tosiendo, pero ¿por qué las lagrimas? ¿por qué sigues en posición fetal y semi hincado en la banca? .Recobras la postura y levantas la mirada, ¿qué ha hecho que te pongas así? ¿La imagen de Sara incitándote a mirarla? ¿qué se haya ido sin más? ¿quieres estar con ella?. Simplemente es el deseo de querer compartir con alguien esos momentos de buena música, piensas.

Han pasado alrededor de veinte minutos desde que saliste del lugar y ya tus amigos deben estarse preguntando dónde estás. Decides entrar pero de ver el gentío decides no, pero antes, te acercas a observar el árbol, sientes su textura y lo miras fijamente de arriba abajo y le sonríes, pensando que él entenderá que su corteza es exactamente de la textura que tú sentiste al ser tocado por la tipa allá dentro, y de la nada sientes un peso en los hombros y caes hacia atrás. Te incorporas rápidamente  y te sientas antes de que alguien piense que estás dopado. Pasa René en su coche y a manera de saludo te grita “borracho”, le sonríes y le deseas un feliz choque.

No sabes de dónde viene ese sentimiento, pero quieres que se vaya, y por alguna razón sabes q no lo hará, así que lo mejor será irte de ahí, antes de que la trasformación se concrete y hagas algo de lo que sí te puedas arrepentir. A lo lejos tus amigos te llaman, suben a un taxi y se pierden en la fría noche. Tienes el estómago revuelto, observas las calles y te recuestas en el regazo de tu amiga, ella coloca su mano en tu espalda, ya estás en casa.

 

 

 

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